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Desolador

(Foto: Andina)

La revista ideele me pide que opine sobre cómo veo el panorama político peruano. Puedo resumir mi respuesta en una palabra, pero que creo clara y contundente: desolador.

Empecemos por el hecho de que nuestra política no ha tenido renovación alguna en los últimos años, y aquellos personajes que emergieron para algunos como una apuesta de cambios positivos han demostrado en el poder ser más (o peor) de lo mismo. A veces cambian las caras, pero las mañas y las prácticas se repiten y crean una distancia profunda y cada vez más difícil de recuperar entre la sociedad y el Estado.

El Ejecutivo, por decirlo en corto, está encabezado por una persona que carece de nervio, de liderazgo, de ambición. Le falta todo ello, tanto para equivocarse a fondo como para acertar en lo importante. La nada o el casi nada lo definen mejor que cualquier otra clasificación. Desde hace un buen tiempo, además, parece cansado de gobernar, como esperando a que esto termine lo más pronto posible.

Estos años han sido también de profundo descrédito del Congreso y es probable, a estas alturas, que el número de congresistas involucrados en alguna in conducta o un posible crimen sea incluso mayor a los que no lo están. Se pensaba que el Congreso precedente no podía ser peor y éste ha demostrado que no hemos tocado fondo.

El Ministerio Público ha vuelto casi tan bajo como lo estuvo durante la época de Fujimori. Tenemos un Fiscal de la Nación profunda y válidamente cuestionado por apañar corruptos; y, a su predecesor, con similares pergaminos.

El Poder Judicial no es tampoco un dechado de virtudes y la inmensa mayoría de los peruanos sabe que es tremendamente difícil que allí se encuentre justicia cuando del ciudadano común se trata.

La debacle político moral de muchos gobiernos regionales durante el 2014, en la que se descubrieron abundantes evidencias de corrupción y penetración de mafias criminales, ha sido como pedrada en ojo tuerto: varios en la cárcel, varios que bien debieran estarlo, varios fugados son el feo saldo provisional. Quizás incluso más grave que lo anterior es que en las regionales han sido elegidos por lo menos media docena de presidentes con claras evidencias de corrupción y/o vínculos con el crimen organizado. Asumo que muchos de los alcaldes elegidos tienen problemas similares.

Los partidos políticos están en profunda crisis de legitimidad interna de credibilidad de la población, de renovación de liderazgos y fueron vapuleados en las elecciones regionales por movimientos caudillistas regionales y será en esas condiciones que encabezarán las candidaturas a la presidencia y Congreso del 2015.

Parte del problema está en un sistema electoral y una legislación de partidos políticos que no hace sino favorecer la dispersión, el caudillismo, la falta de rendición de cuentas, la penetración de criminales en la vida política, etc.

Ni con esos resultados el sistema electoral peruano que ha sido modificado y que creo que no lo será en lo que queda de este gobierno, tanto porque el Congreso que debiera tener la primera responsabilidad en hacerlo es hijo de este sistema como por el hecho de que el Ejecutivo no tiene ningún interés en lanzar una campaña importante para modificar las reglas de juego que adecente nuestra política. Tampoco la oposición, hay que decirlo.

¿Todo está perdido?

No lo creo.

Hay fuerzas sanas en la sociedad y los medios de comunicación, incluso dentro de las instituciones antes mencionadas, que dan la lucha cotidianamente para tratar de revertir el desagüe moral en el que se ha trasformado nuestra política.

Pero se requiere mucho liderazgo para poder canalizar ese inmenso descontento popular frente a lo que hoy es nuestra política (que a veces lleva al "como todos son iguales hay que votar por el corrupto que haga más obra") en una energía en positivo en busca de mejores alternativas.

Los medios de comunicación, la mayoría de ellos y aún los que están muy enfrentados entre sí, están teniendo a mi juicio un papel bastante positivo y se convierten de alguna manera en una reserva de esperanza.

Ya una vez tuvimos una dictadura corrupta y podrida y los peruanos pudimos derrotarla, vivir algunos años de esperanza de que las cosas se pueden hacer mejor. ¿Por qué no creer que lo podemos hacer de nuevo?

No he perdido la ilusión de que en el 2016 alguien dé una sorpresa electoral positiva y, en lugar de desenvolverse en el poder como nuestros gobernantes usuales, se convierta en un líder político que desde el Ejecutivo y con la fuerza que da ser jefe de Estado, lance una regeneración moral y una profunda reforma del estado que permita re encausar la institucionalidad, la vida política y la convivencia en el país.

Si eso no ocurre, los próximos años serán aún más difíciles.

 

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