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¿El acoso callejero siempre tiene género?

(Foto: Andina)

El sábado 18 de abril se acabó la semana internacional contra el acoso callejero. En varios países fue la ocasión de volver a incorporar en la agenda política un problema que no desaparece tras las fronteras. Este problema ha generado que se formulen varias propuestas, iniciativas y leyes en los últimos meses, acompañadas de creativas campañas publicitarias. Sin embargo, hay quienes piensan que no es suficiente.

Separar hombres y mujeres en el bus, distribuir publicidades preventivas, aumentar el nombre de ramas del metropolitano para evitar su obstrucción. Esas son algunas de las propuestas que surgieron para enfrentar el problema del acoso callejero en el transporte público. A veces, los buses acogen campañas de sensibilización como el conocido “Yo viajo segura en el Metropolitano”. Varios actos de acoso han sido denunciados dentro del servicio, lo que puede hacer pensar que el hostigamiento es más frecuente allí que en otros lugares. Si los casos son numerosos, la falta de cifras para poder compararlas con otros medios de transporte tiene que ver también con el protocolo de denuncia implementado que no existe dentro de otros servicios. El metropolitano no es un caso aparte.

Existen pocas estadísticas que puedan medir qué tan extendido está el acoso. En parte, la falta de números claros es el reflejo de los casos que no han sido objeto de una denuncia formal, lo que permitiría cifrar con más precisión el fenómeno. "Paremos el acoso callejero en Perú" era un observatorio que se ocupaba de esta labor, pero hoy en día no puede seguir investigando por falta de tiempo. Se convirtió en una asociación cuyo objetivo principal es prevenir. En Francia, su homóloga "Stop auharcèlement de rue" defiende la idea de que la investigación estadística para evaluar la amplitud del problema debe ser asunto del gobierno. Las asociaciones existen para sensibilizar a la población, reflotar en la agenda pública el problema, y participar con el Estado en la búsqueda de soluciones eficaces.

Los estudios a disposición muestran que las primeras víctimas del acoso callejero son las mujeres, principalmente las jóvenes. En un sondeo de opinión desarrollado en 2013 por la PUCP con el concurso de la asociación peruana, se destacó que 7 de cada 10 mujeres entre 18 y 29 años señalaron haber sido víctimas de acoso callejero en los 6 meses previos a la encuesta. En Lima la cifra sube a nueve de cada diez. Sin duda, un fenómeno arraigado en nuestra sociedad.

Sin una definición clara
En el detalle de la encuesta, se entiende por acoso callejero los siguientes casos: roces incómodos, frotamiento en transportes y exhibicionismo. También forman parte silbidos, ruidos de beso, miradas persistentes e incomodas que muchas veces están tolerados y consideradas como más ordinarios por la sociedad.

En la ley aprobada el 28 de marzo de 2015, se requiere para hablar de acoso sexual callejero dos criterios, un acto de naturaleza o connotación sexual que sea rechazado por parte de la víctima “salvo que las consecuencias del caso le impidan expresarlo o se traten de menores de edad. ”En Perú, la presidente de la asociación lo define como un “acercamiento no deseado con carácter sexual” que incluye murmuros, ruidos de besos, silbidos. Dado la variedad de interpretaciones posibles, uno de los objetivos de las asociaciones en contra del acoso fue difundir una definición clara de lo que implica. En efecto, los colectivos denuncian, comunican sobre casos que se han normalizado en la realidad pero que tienen que ser denunciados. La asociación francesa afirma que su primer trabajo de comunicación consistía en poner en evidencia la palabra y utilizarla para designar un fenómeno que debe ser considerado como problemático dentro de la sociedad.

El papel de las asociaciones
La comunicación es la base de las asociaciones que luchan contra el acoso sexual callejero. Mediante ella logran llamar la atención y crear un espacio de debate. En ese ámbito, el internet y las redes sociales han tenido un papel importante. Tanto la asociación peruana como su par francesa coinciden en que el surgimiento del problema en la agenda pública y la escena mediática se explica principalmente gracias a su propagación en la red. Su estrategia consiste en difundir testimonios de las víctimas, lemas. Intervienen publicistas, dibujantes e internautas.

Varias acciones, campañas de tipo preventivas se han puesto en marcha. El colectivo, Stop Street Harassment, en Estados Unidos fue en este ámbito el pionero creando la semana internacional contra el acoso callejero. Reporta a través de un informe lo que sucedió durante la semana en el mundo. De la misma manera, Paremos el acoso callejero fue la primera asociación de ese tipo en América Latina e inspiró replicas en la región como el Observatorio contra el acoso callejero de Chile.

En un sondeo de opinión desarrollado en 2013 por la PUCP con el concurso de la asociación peruana, se destacó que 7 de cada 10 mujeres entre 18 y 29 años señalaron haber sido víctimas de acoso

Unas iniciativas preventivas
El trabajo de prevención del cual participan las asociaciones hizo surgir varias propuestas creativas cuyo efecto tiene que ser matizado. En Perú, la campaña “Sílbale a tu madre” se acercó al problema de manera cómica. Disfrazadas, madres se hacen hostigar en la calle por sus propios hijos. El lema es “No esperas que te hacemos acosar a tu madre para empezar a respetar a las mujeres”. Con casi 6 millones de vista en Youtube, la campaña tuvo un gran impacto mediático. Sin embargo, algunos reprochan el estatuto dado a la mujer en el video. Además demuestra, como lo confirma la presidente de la asociación francesa, el hecho de que todas las iniciativas no pueden generar replicas.

Las diferencias culturales y sociales como códigos de humor y en este caso el papel central de la madre para promover un cambio de mentalidades tienen que ser tomados en cuenta. De manera más concreta se organizan marchas que siguen recibiendo rechazo por parte de los hombres, que al verlas en las calles suelen pifiarlas. Elizabeth Vallejo, presidenta de Paremos el acoso callejero afirma que la comunicación “ya ha sido eficaz para difundir el tema, y debatirlo. Está siendo eficaz también para que las mujeres respondan. Donde creo que no está siendo muy eficaz es en que los hombres cambien de conducta. […] yo creo que van a dejar de hacerlo pero por presión externa femenina”.

El problema involucra mucho machismo pero ella pone mucha fe en las nuevas generaciones a las cuales es necesario brindar sensibilización a través movilizaciones populares.

En el extranjero
En el extranjero también surgen soluciones. En México, hombres y mujeres han sido separados dentro de las ramas del metropolitano a horas de punta. Sin embargo, la medida despierta críticas. No se puede combatir el acoso con segregación. En el ámbito de los transportes públicos, en Canadá, las mujeres pueden pedir bajar entre dos estaciones para acercarse de su casa si temen caminar solas por miedo a ser acosadas.

Para algunas asociaciones, el objetivo no es encontrar soluciones de corto plazo sino generar poco a poco un cambio de mentalidades (mediante un trabajo de prevención y comunicación). En Londres, la iniciativa “Goodnightout” busca formar el personal de los establecimientos de noche para prevenir y enfrentar los casos de acoso. Para lograrlo, la asociación francesa imaginó zonas privadas de acoso callejero, llamadas “Sans relous”. Consiste en la creación de un distintivo que la asociación ofrece a bares en función de criterios específicos (formación del personal para sensibilizar sus clientes, comprometerse a intervenir en caso de conductas inoportunas…). La asociación ha imaginado también, en varios acontecimientos como festivales, la posibilidad de instalar stands que enseñan cómo reaccionar frente a situaciones de acoso y la creación una aplicación para móviles que permitirá localizar los casos dentro de eventos.

Hasta ahora, los festivales no han aceptado invertir en ese proyecto. Hay sin embargo un avance ya que algunos pocos como el festival Solidays destinado a beneficiar con sus fondos a la lucha contra el VIH. Este año, la asociación ha promovido también una aplicación llamada “Hé” cuyo objetivo es simular el acoso callejero dirigiéndose a las personas que no son víctimas, sobre situaciones a veces consideras como ordinarias. Esas iniciativas creativas son numerosas, sin embargo algunos defienden la idea que no son suficientes para enfrentar el problema.

En el marco legislativo
Además de estas iniciativas, se han planteado soluciones legislativas. El 26 de marzo, el gobierno promulgó por primera vez una ley que busca sancionar y prevenir el acoso sexual en el país. El colectivo Paremos el acoso callejero felicitó ese primer paso. Sin embargo, el camino aún es largo. Vallejo afirma que la nueva ley no satisface plenamente sus expectativas. Lamenta que el documento legislativo solo sea preventivo y no defina claramente sanciones para el acoso callejero. Otras fuentes jurídicas existen y pueden conducir a la represión penal de una situación de acoso. Sin embargo, hay casos que siguen fuera de los marcos legislativos. “Se necesite una fase siguiente que es un reglamento, es decir el detalle completo de cómo aplicarlo [...] como un plan”, dice Vallejo.

El objetivo es no dejar vacíos legales y clarificar los términos, las funciones, y las sanciones que involucran el tema del acoso callejero. En efecto, se condena actos contra al pudor o injurias pero muchos términos siguen sin definiciones y sujetos a equivocaciones o varias interpretaciones que podrían perjudicar al mismo denunciante. El caso de Magaly Solier lo ha demostrado.

Otro problema, indica Vallejo, es la dificultad de probar los casos de acoso, por la rapidez en que suceden. En Chile, en marzo, llegó al Parlamento un proyecto de ley contra el acoso, que proponía incorporarlo al código penal como delito. Además, se propuso al gobierno poner en práctica una serie de medidas preventivas.

¿Unos ausentes?
Una encuesta de Stop Street Harassment mostró que 65% de las mujeres en Estados Unidos han sido víctimas de acoso callejero y el 27% de los hombres también. Muchos de ellos son homosexuales o transexuales. Además existen casos de acoso callejero no por razón de sexo o género sino vinculado al físico y las discapacidades. El estudio ha sido hecho en Estados Unidos pero nuestro país no anda muy lejos de esas cifras.

En Perú la discriminación frente a los LGBT sigue siendo tan importante como la racial. Sin embargo se notó que las campañas contra el acoso se han enfocado en la relación de género y sexo. La responsable de la asociación en Francia reconoce que sus últimas intervenciones mediáticas solo han sido enfocadas en el acoso callejero en torno a las mujeres. Al contrario según ella, los medios de comunicación son menos receptivos a las otras formas de acoso, y todavía se mantiene el tabú en torno a las cuestiones de homofobia. Además según la presidenta de la asociación peruana se trata de otras formas de acoso que necesitan otros tipos de estrategias para concientizarlo y denunciarlo. La condición social de la mujer es un tema que ya es bien presente y aceptado en la escena pública y sobre el cual es más fácil intervenir en un primer tiempo... Para Vallejo, el caso de los homosexuales debe entenderse a través el tema de discriminación y homofobia. Enfocarse sobre las mujeres es un primer paso según ellas. Sin embargo, valdría la pena poner énfasis en todos los tipos de acoso.

Cada vez más visibilizado a través los testimonios, cámaras ocultas (como en el reportaje Femme de la Rue de Sofie Peeters, en Bélgica por ejemplo), las denuncias, la red, los casos de acoso callejeros siguen numerosos. Todavía muchas víctimas se culpabilizan (por su manera de vestir, su propia identidad…) porqueestos casos no son reconocidos por todos como problemáticos. Las asociaciones trabajan para denunciar esa banalización. Si la calle pertenece a todos,hoy en días todos no se sienten libresde caminar allí, sin miedo y con respecto.

Entrevista