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Por una Mesa multipartidaria

El presidente del Congreso, Daniel Abugattas (Foto: Andina)

Se viene la elección de la Mesa Directiva del Congreso para el periodo 2012-2013 y ya se notan los ajetreos y movidas para resolver quiénes la conformarán. Estas angustias se explican por el hecho de que en los últimos años las Mesas Directivas han estado en manos de un Presidente del mismo grupo que el gobierno y con otros afines a éste, con lo que se ha excluido a los demás.

A primera vista, parecería normal que se presenten varias listas y que gane la que obtiene más votos. No digo que ello esté mal; sostengo, sí, que hay un sistema mejor y que ya se empleó básicamente en los periodos 2001-2002, 2002-2003 y 2003-2004. Consistió en que la Mesa se integraba, además del Presidente, con un miembro de cada partido con representación en el Congreso. Esto implicaba, naturalmente, una sola lista.

Si bien en los periodos citados el partido con más representantes en el Pleno designaba a dos de los seis miembros, hoy sería suficiente que tuviese solo uno, pero siempre que en las votaciones de la Mesa se aplicara el mismo principio que ya existe en la Junta de Portavoces, donde el voto de cada vocero tiene el mismo peso con el que cuentan sus representantes sobre el total del Congreso. Por ejemplo, si en el Pleno, donde la proporcionalidad es lo que vale, un partido tiene 10%, entonces en la Mesa Directiva su vicepresidente tendría l0% en todas las votaciones.

Una Mesa Directiva multipartidaria hace casi imposibles las maniobras o las sorpresas, propicia un ánimo de entendimiento desde la cúpula y fortalece un espíritu proinstitucional que da mayor fluidez al trabajo legislativo. Otra ventaja de una Mesa integrada por todos los grupos políticos (o alianzas) es que ofrece mayor transparencia en la labor diaria, porque ya no hay nada que deban ocultarse unos a otros. Por eso mismo, las decisiones de la Mesa serán mejor recibidas, pues conllevan mayor legitimidad de origen.

Algunos dirán que más vicepresidencias aumenta la burocratización del Congreso, pero la experiencia demuestra que el resultado de incrementar el número de miembros de la Mesa sobrecompensa cualquier desventaja. Yo puedo dar fe de que a Toledo le hubiera sido mucho más difícil gobernar si no hubiese sido por esos tres años cruciales de Mesa multipartidaria. Recordemos que aunque se tenga una Mesa progobiernista, si el Ejecutivo no cuenta con mayoría en el Congreso, igual se estrellará con la realidad al llegar el tema al Pleno, por lo que resulta mejor ser inclusivo desde el comienzo.

En cualquier circunstancia el ejercicio completo del poder puede ser más funcional en el plazo inmediato, pero después debilita al conjunto. En cambio, el ejercicio compartido, aunque no tiene la misma velocidad, a la larga resulta más duradero y, sobre todo, más democrático.

Entrevista