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Pantallas peregrinas

(Cineastas reunidos en el I Festival de Cine Regional de Ayacucho. Foto: Emilio Bustamante)

Exhibición y distribución del cine regional peruano1.

El llamado cine regional peruano cumple veinte años de existencia. Desde el estreno de la película ayacuchana Lágrimas de fuego (1996)2 hasta hoy se han realizado de manera continua en las regiones, fuera de Lima Metropolitana y Callao, alrededor de 200 largometrajes; la mayoría poco conocidos en la capital del país. Por su volumen de producción y por la riqueza y variedad cultural que contiene, el cine regional constituye probablemente el movimiento más importante en la historia del cine peruano. No obstante, este cine afronta problemas de exhibición y distribución para su permanencia e incremento.

La exhibición itinerante
La exhibición de películas regionales se inicia, por lo general, en una sala municipal o en la de un antiguo cine que se encuentra aún en funcionamiento o que es reabierto para la ocasión. De no contarse con estos escenarios se emplean coliseos, colegios, auditorios particulares e incluso se realizan proyecciones al aire libre.

La exhibición suele hacerse, primero, en las capitales de las provincias, y luego en las ciudades de menor tamaño, hasta llegar a pueblos pequeños. El área de distribución se amplía después a regiones vecinas e incluso lejanas, aunque esto ya depende de cada cineasta, quien tiene que viajar con su proyector, equipo de sonido, pantallas portátiles, y la matriz de su película para evitar la piratería.

Los cineastas de Ayacucho y Puno han liderado, por varios años, la explotación comercial de películas regionales; pero actualmente experimentan dificultades para la exhibición y distribución de sus filmes.

En Junín y Cajamarca la explotación comercial es más restringida. Se limita a la ciudad de origen y, en la mayoría de los casos, con pocas funciones por película. La excepción en Junín es Daniel Núñez, pues el gran éxito comercial de su película Madre, una ilusión convertida en pesadilla (2009) lo impulsó a hacer un amplio recorrido por distintas regiones, llegando inclusive a La Paz y Cochabamba en Bolivia; sin embargo, no fue él quien capitalizó el éxito de su filme sino la empresa cristiana que lo produjo.

No está de más recordar que la exhibición itinerante supone una inversión que no todos los productores están dispuestos, o en condiciones, de afrontar. Aparte del alquiler del local de proyección, la movilidad, la estadía y la alimentación, implica muchas veces el alquiler de los equipos de proyección y sonido (si no son propios), y un monto importante de dinero destinado a la publicidad (entre 3 mil y 5 mil soles por lugar).

Cantidad de espectadores
El modo de exhibición itinerante hace difícil el cálculo de la cantidad total de espectadores que han asistido a ver los filmes; además, los realizadores suelen ser muy reservados cuando se les toca este punto. Sin embargo, algunos se atreven a dar cifras. El juliaqueño Flaviano Quispe calcula que más de un millón de personas ha visto su película El huerfanito (2004) en exhibiciones públicas, por lo menos 250 mil han pagado entrada por ver su filme anterior El abigeo (2001), y más de 100 mil por El hijo del viento (2008), su última producción estrenada hasta hoy. El ayacuchano Miler Eusebio asegura que Supay, el hijo del condenado (2010), que él dirigió, tuvo 400 mil espectadores. Mélinton Eusebio, también ayacuchano y primo del anterior, dice que 300 mil personas vieron su largo Almas en pena y 100 mil acudieron a ver Qarqacha, el demonio del incesto (2002), la película que lo hizo conocido a nivel nacional y que inició la corriente del cine de horror en los Andes peruanos. Roger Acosta sostiene que su película arequipeña Mónica, más allá de la muerte congregó alrededor de 200 mil espectadores. El puneño Henry Vallejo, más cauteloso, estima en 50 mil a las personas que fueron a ver su largo El misterio del Kharisiri (2004), y el ayacuchano Palito Ortega calcula en 30 mil a quienes presenciaron Sangre inocente (2000), una de sus películas más exitosas entre las que se movieron en este sistema de exhibición3.

La exhibición en Ayacucho
No obstante las cifras mencionadas, los realizadores afrontan la escasez de locales idóneos para proyectar sus películas. En Ayacucho, el cine Cavero se convirtió desde el 2008 en templo evangélico, y ello privó a la ciudad de su sala cinematográfica de mayor aforo (tenía capacidad para 2 mil espectadores). Las exhibiciones de filmes ayacuchanos se limitan desde entonces, prácticamente, al Cine Teatro Municipal que tiene solo 320 butacas. Hasta el 2015, la municipalidad alquilaba la sala a los productores, quienes la solicitaban con mucha anticipación, reservándosela varias semanas e incluso meses. Algunos cineastas manifestaron su descontento en el sentido de que la sala, desde comienzos de año, estaba ya separada hasta el final por solo tres o cuatro realizadores, con lo que se restaba la posibilidad de exhibición a otros. La nueva administración planteó cambios, pero el alza del precio del alquiler originó nuevos reclamos.

La sala del Cine Teatro Municipal es el único ámbito donde puede verse películas en Ayacucho en condiciones más o menos aceptables, pues no existen cadenas de multicines en la ciudad. El ingreso de estas cadenas en Cajamarca y Puno, sin embargo, trajo consigo una reducción importante en el consumo de las películas producidas en esas regiones; el público prefirió ver, mayoritariamente, los bolckbusters hollywoodenses en la comodidad de las multisalas. Cabe preguntarse si la gran acogida de espectadores que han obtenido en Huamanga algunas películas ayacuchanas hubiera sido la misma de existir multicines allí.

La película de éxito más reciente en Ayacucho es Bullying maldito, la historia de María Marimacha (2015) de Mélinton Eusebio, que ha estado varios meses en cartelera en el Cine Teatro Municipal de Huamanga. Eusebio reconoce que la publicidad fue muy importante para el éxito comercial del filme, pero destaca también que los comentarios favorables de los primeros espectadores animaron a otros a ir al cine, de tal manera que la concurrencia se fue incrementando conforme pasaban los días. A las seis semanas de estrenada, Bullying maldito, la historia de María Marimacha ya había sido vista por 15 mil personas, según su director. En base a tal experiencia y a su conocimiento del mercado, Mélinton Eusebio considera que la modalidad de exhibición empleada desde hace veinte años se halla aún vigente, y no se siente tentado a buscar el estreno de sus futuras películas en los multicines, aunque estos llegasen a establecerse en Huamanga.

Los realizadores afrontan la escasez de locales idóneos para proyectar sus películas. Las exhibiciones se limitan prácticamente al Cine Teatro Municipal que tiene solo 320 butacas. 

Los problemas de exhibición en Puno
No solo los filmes de Flaviano Quispe y Henry Vallejo conocieron el favor del público en la región Puno. Otras películas juliaqueñas y puneñas tuvieron también éxito en la primera década del nuevo milenio; la producción se incrementó al punto de que alguien designó a Juliaca como el Hollywood de los Andes. Sin embargo, la instalación de los multicines Cineplanet en Juliaca (2011) y Puno (2012) trajo consigo la disminución de espectadores para películas propias en la región, y la subsecuente caída de la producción. Algunos cineastas puneños y juliaqueños han precisado que no solamente la comodidad de los multicines y su buena calidad de proyección les quitó público a las realizaciones locales, sino también el bajo nivel artístico y técnico de algunas de estas que terminaron por disgustar a la gente que iba a verlas.

Para superar la actual situación plantean elevar la calidad del cine regional y alcanzar estándares técnicos que les permitan colocar sus filmes en los multicines o competir con ellos. No obstante, ninguna película puneña o juliaqueña ha logrado entrar hasta hoy a los Cineplanet de la región ni ha podido competir con los blockbusters que allí se estrenan. Otra alternativa fue la planteada por Cine Aymara Studios, que produjo tres largos de bajo presupuesto de género fantástico para ser exhibidos en zonas periféricas, orientados a un público que no suele ir a los multicines; sin embargo, después de su último lanzamiento, La venganza del Súper Cholo (2013), no ha vuelto a poner una película en el mercado.

Pese a que aún se exhiben filmes en las salas municipales, no se estrenaron películas puneñas ni juliaqueñas en el 2014, lo que resultó preocupante tratándose Puno de una de las regiones de mayor producción de películas peruanas durante más de una década. En el 2015 sí llegaron a la pantalla nuevos filmes, aunque ninguno congregó a gran cantidad de espectadores.

La distribución de los “promotores”
En ocasiones, las salas de los teatros municipales u otros locales no son alquilados por los productores mismos de los filmes, sino por distribuidores itinerantes o “promotores” de películas y espectáculos. Ellos conocen y se desplazan por determinados circuitos; pero son, en su mayoría, agentes poco confiables4. Existen denuncias contra distribuidores que no cumplen con lo pactado con los cineastas, o que exhiben películas pirateadas (nacionales o extranjeras) con títulos cambiados. En algunos casos se les ha acusado de piratear o facilitar el pirateo de películas cuya distribución les ha sido encargada. En casos más extremos, sujetos inescrupulosos han exhibido películas regionales pirateadas en funciones por las que han cobrado entrada y se han hecho pasar por los directores de los filmes.

Es debido a este tipo de incidentes que los realizadores prefieren hacer ellos mismos la distribución y exhibición de sus películas, pero no todos cuentan con el tiempo y los recursos para ello. Es evidente la falta de cadenas de distribución no solo confiables sino que comprendan a todo el país o circuitos más amplios de los que existen hasta hoy; una película cajamarquina, por ejemplo, difícilmente es vista en Juliaca, y viceversa. En parte para atenuar este desconocimiento recíproco es que los directores han organizado a lo largo de los años encuentros o festivales (en Arequipa, Ayacucho, Cajamarca, Juliaca y Huánuco), en los que pueden mostrar sus trabajos y compartir experiencias.

La exhibición en los multiplex
La exhibición a nivel nacional en las cadenas de multicines es prácticamente inalcanzable. Muy pocas películas regionales han llegado a exhibirse en el circuito de multicines, y en la mayoría de esos casos lo han logrado de manera restringida, es decir, solo en Lima o en su región. Estas películas son: El huerfanito (Juliaca, 2004) de Flaviano Quispe; Sin sentimiento (Ayacucho, 2007) de Jesús Contreras; El pecado (Ayacucho, 2008) de Palito Ortega; El último guerrero chanca (Apurímac, 2011) de Víctor Zarabia; Ana de los Ángeles (Arequipa, 2012) de Miguel Barreda (solo en Cinemark Arequipa); Trampas de tu lado oscuro (Lambayeque, 2013) de Óscar Liza; Cementerio general (Loreto, 2013) de Dorian Fernández Moris; Chicama (La Libertad, 2013) de Omar Forero; El demonio de los Andes (Ayacucho, 2014) de Palito Ortega; Yo mimo soy (sic, Cajamarca, 2014) de Héctor Marreros (solo en Cine Star de San Juan de Lurigancho, Lima); Encadenados (Arequipa, 2015) de Miguel Barreda (solo en Cinépolis, Arequipa); y Desaparecer (Loreto, 2015) de Dorian Fernández Moris. El corto Chullachaqui (Loreto, 2007) de Dorian Fernández Moris, que dura 30 minutos, fue exhibido comercialmente en Multicines Iquitos

Un caso destacable es el de la película loretana Cementerio general, que tuvo distribución de la transnacional UIP (empresa que aportó además con publicidad y copias en DCP), llevó a salas a 747,115 espectadores, y rindió una ganancia de 2.696.065 dólares. Es, hasta hoy, la película regional más exitosa económicamente. No obstante, el filme prácticamente carece de rasgos regionales propios pues sus realizadores buscaron que se mimetizara con producciones de género internacionales, de acuerdo a los consejos del conferencista norteamericano Dov Simens, de quien Fernández Moris es su principal seguidor en el Perú.

La piratería y la distribución en DVD
El cine regional se distribuye también en DVD piratas en Lima y otras ciudades. En la capital, los lugares de mayor venta de este material son Mesa Redonda y el Centro Comercial El Hueco. Es debido a ello que una cinta como El huerfanito de Flaviano Quispe se ha convertido, en pocos años, en una de las películas más populares del cine peruano de todos los tiempos. No obstante, la inmensa mayoría de los cineastas no reciben dinero por esas ventas. Es más, cuidan mucho de que no les pirateen sus filmes pues eso significa el fin del recorrido comercial de los mismos. Ha ocurrido que a veces se piratea la película y se le explota con otro nombre, aprovechando el éxito comercial de una anterior; es así que se pueden ver en los mercadillos discos que llevan títulos de películas nunca realizadas, como El huerfanito 2 o Madre 3. También se ha dado el caso de que la película no ha llegado a ser pirateada en su totalidad, pero aun así se vende como si estuviera completa; sucedió esto con El hijo del viento de Flaviano Quispe.

Algunos directores venden directamente los DVD de sus películas cuando ha terminado el circuito de exhibición pública de ellas (Héctor Marreros, Daniel Núñez), pero esta operación no suele ser muy rentable, pues los filmes son pirateados de inmediato si es que no lo han sido antes. Después de aparecidas las primeras versiones pirata surgen las “series”, es decir, discos con coloridas carátulas que contienen cuatro o seis películas pirateadas, en baja resolución, agrupadas bajo títulos como “El dolor de los pobres”, “Sufrimiento de madre”, “Padres e hijos”, “Violencia y terrorismo”, etcétera.

Marcelino Huamán, de Quinua (Ayacucho), ha negociado con distribuidores de DVD de Lima la reproducción y venta de su trilogía religiosa Cántaro. Huamán distingue entre los distribuidores de DVD piratas y no piratas; entre estos últimos menciona a “Rosita” (que distribuye especialmente videos musicales) y “Abraham” (dedicado a filmes religiosos).

En noviembre del 2014, la Gerencia de Fiscalización y Control de la Municipalidad de Lima impulsó un festival de películas nacionales en el Centro Comercial El Hueco en el que participaron los comerciantes de películas y al que se invitó a los productores Flaviano Quispe (Juliaca), Héctor Marreros (Cajamarca) y Germán Laurente (Adonai Films, Junín) con el fin de llegar a acuerdos para fomentar la venta de copias originales de películas en ese lugar. La iniciativa no tuvo continuidad.

Otro espacio de exhibición informal lo constituyen los ómnibus interprovinciales que pasan durante sus viajes videos pirata, entre ellos los que contienen películas regionales. El ex fiscal superior decano de Abancay, Luciano Valderrama, ha propuesto que se llegue a un acuerdo entre transportistas y productores regionales para que se emitan solamente videos legalmente autorizados por sus creadores.

La exhibición a nivel nacional en las cadenas de multicines es prácticamente inalcanzable. Muy pocas películas regionales han llegado a exhibirse en el circuito de multicines, y en la mayoría de esos casos lo han logrado de manera restringida, es decir, solo en Lima o en su región. 

Exhibición gratuita y en festivales nacionales
Dentro del país, las películas regionales se han presentado en encuentros y festivales de Cajamarca, Trujillo, Huánuco, Arequipa, Cusco, Ayacucho y Juliaca.

En Lima, no han sido muchas las películas presentadas en festivales, aunque algunas de ellas han obtenido premios. Chicama del trujillano Omar Forero ganó cinco premios en el Festival de Lima del 2012, Cable a tierra de la arequipeña Karina Cáceres participó en el III Festival Lima Independiente, donde recibió el premio de Apreci a la mejor película peruana de la competencia, y en el III Festival de Cine Iberoamericano (Fiacid) realizado en Lima, donde fue considerada por el jurado como la mejor película peruana. Los cortometrajes chiclayanos Viajero de Manuel Eyzaguirre y Tito Tusán de María Fernanda Doig compartieron el premio a mejor cortometraje en el mismo festival, y al siguiente año Verano de Manuel Eyzaguirre fue considerado el mejor cortometraje peruano en el III Fiacid.

Al margen de los festivales, en Lima el espacio que mayor acogida ha brindado al cine regional es el cine club José María Arguedas del Cafae-SE, donde Jaime Luna Victoria viene programando desde hace diez años, todas las semanas, películas realizadas fuera de la capital; a las proyecciones siguen, la mayoría de las veces, conversatorios con los realizadores. En la Universidad de Lima se realizaron dos muestras (junio de 2013 y febrero del 214) que incluyeron debates con los cineastas.

Por último, debe mencionarse el espacio virtual. Muchas películas han sido colocadas en la red, especialmente en Youtube, aunque no siempre por sus productores.

Propuestas
¿Qué hacer para que mejoren la distribución y exhibición de estas películas peruanas? En primer lugar, al Estado le corresponden ciertas iniciativas. De acuerdo a la ley de cinematografía vigente (Ley N° 26370) y su reglamento (DS N° 42-95-ED), el cine es un fenómeno cultural y un arte (no un negocio del espectáculo) que el Estado tiene interés en promover pues contribuye a la educación de los ciudadanos y a la identidad cultural del país. Actualmente existen premios del Ministerio de Cultura para la producción de películas regionales; en la misma línea, podría crearse un premio para el apoyo a la distribución y exhibición regionales sobre la base del conocimiento de los circuitos y escenarios del cine regional. Asimismo, el Estado podría aportar vía TV Perú a la exhibición de películas regionales, con una adecuada publicidad y pagando a los cineastas por la emisión de sus filmes (hace unos años hubo una iniciativa en ese sentido del canal estatal, pero fracasó por mala promoción, temor de los realizadores a que sus películas fueran pirateadas, y falta de incentivos económicos).

Por su parte, los gobiernos regionales y municipales podrían aportar cediendo sus locales u otorgándolos en alquiler a un monto menor al actual para la exhibición de películas.

A un plazo más lejano, el Estado podría crear una red de salas de exhibición alternativa a los multicines que abarcara todo el país, y promulgar una nueva ley de cinematografía que contemple la cuota de pantalla para que los filmes regionales tengan acceso a los multicines por lo menos en sus propias ciudades. Por ahora podría aplicarse el régimen supletorio que contempla la ley vigente: un filme nacional que adquiera de parte del Estado un certificado de ser de interés cultural puede pedir su exhibición con ese documento en una sala comercial en igualdad de condiciones que los filmes extranjeros.


1Este artículo es parte de la investigación sobre el cine regional en el Perú que el autor y Jaime Luna Victoria vienen realizando para el Instituto de Investigación Científica (IDIC) de la Universidad de Lima. Como parte de la investigación se ha entrevistado a 84 cineastas regionales.
2La autoría de Lágrimas de fuego es discutida. En los créditos aparece José Huertas como director, pero Mélinton Eusebio (quien aparece en los mismos créditos como director artístico, guionista y actor) asegura que dirigió parte de la película y reclama la coautoría del filme.
3El último filme hasta hoy de Palito Ortega, El demonio del incesto (2014), se estrenó comercialmente en las salas de la cadena Cine Star, llevando 73,250 espectadores.
4Existirían tres circuitos principales: uno wanka, que parte de Huancayo y llega a la selva central, uno wari que parte de Ayacucho, y uno quechua-aymara que parte de Juliaca-Puno.

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