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La nueva vecindad

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A lo largo de la historia del Perú como Estado independiente, la relación con la región, especialmente los países vecinos, fue de vital importancia para nuestro interés nacional debido a la existencia de antiguas disputas territoriales. Incluso en aquellos casos donde ya no existía ninguna diferencia limítrofe, la relación sin ser confrontacional, pecó muchas veces de indiferente.

Esta manera de comprender la relación con nuestros vecinos fue cambiando a partir de la década del noventa. El nuevo orden internacional post guerra fría y los avances propios del proceso de globalización, van a ser determinantes en el cambio de las prioridades de los Estados en el Sistema Internacional. La relevancia de la interdependencia económica para el desarrollo de los países y la necesidad de construir vínculos más estrechos con la región, no permiten que los Estados sigan manteniendo una política distante con países vecinos que constituyen mercados cercanos y socios indispensables para su integración con el mundo.

Resulta innegable que el tipo de relación que se viene construyendo con los países vecinos en los últimos 15 años, no se ha visto en ningún momento del pasado. La construcción de alianzas estratégicas, la realización de gabinetes binacionales, la promoción de exitosos acuerdos de integración y la implementación de “cuerdas separadas” son una demostración de una política exterior peruana que busca mantener y profundizar la relación con sus vecinos en aras de poder satisfacer sus intereses.

Esto no implica desconocer que siempre van a existir diferencias, más aun tratándose de países fronterizos y con historias en común, algunas de ellas de difícil recuerdo. Pero, a pesar de este tipo de situaciones, el Perú ha sabido construir una agenda donde prima la cooperación y los intereses mutuos. En este escenario, ¿qué le corresponde al nuevo gobierno? Si existe algo que debe continuarse en relación a lo hecho por gobiernos anteriores, en términos generales, es justamente este enfoque de la política exterior.

Con Chile se debe superar el estancamiento producido por el descubrimiento de un nuevo caso de espionaje -muy mal manejado por nuestro país- y tratar de recuperar lo logrado durante el periodo de García y en gran parte del gobierno de Humala. Aunque ya existe un trabajo intenso en la Alianza del Pacífico, a nivel bilateral ambos países cuentan con una agenda desarrollada en los últimos años del proceso ante La Haya que debe retomarse. Cabe señalar que, si bien el fallo viene siendo respetado, este no ha sido culminado pues se requieren algunas reformas legales tanto en Chile como en el Perú. Así, mientras que ambos países, en virtud de los compromisos asumidos, no inscriban el nuevo límite marítimo ante las Naciones Unidas, no puede darse por concluido este proceso.

Lamentablemente, aún persisten diferencias de carácter fronterizo. Llegado el momento, esperemos más tarde que pronto, el gobierno tendrá que sentarse a conversar con Chile sobre el llamado “triángulo terrestre”, territorio de poco menos de 4 hectáreas que, desde la perspectiva chilena, le pertenece a dicho país. Pero si la política exterior peruana ha aprendido algo estos años, es que son tales los intereses que Perú tiene con Chile en todo sentido de la palabra, que no puede dejarse llevar por ímpetus nacionalistas que conduzcan al Perú a escenarios propios de hace 40 o 50 años. Habrá que pensar en fórmulas que, sin perjudicar nuestra integridad territorial, nos permita solucionar este impasse y culminar para siempre todas nuestras diferencias territoriales en la frontera sur.

Con Ecuador y Colombia, Torre Tagle debería continuar desarrollando los gabinetes binacionales, entendidos estos como espacios que permiten avanzar en la relación bilateral. Tratándose del Ecuador, luego de la paz de 1998 se ha logrado un gran acercamiento que ha permitido satisfacer intereses de diferente índole, incluso con repercusión en el proceso con Chile ante La Haya como fue el acuerdo de límites marítimos del 2011. Cabe resaltar que esto ha sido posible a pesar de las diferencias ideológicas que han existido entre los gobiernos de ambos países. Esto demuestra que, más allá del perfil que el gobierno de Pedro Pablo Kuczynski pueda tener, es posible mantener una buena y productiva relación con el régimen de Rafael Correa. Además, los cambios políticos que se están dando en la región, pueden significar un buen escenario para propiciar un mayor acercamiento a un Ecuador que va a requerir no quedar aislado frente al debilitamiento de sus ex socios.

En el caso de Colombia, la indiscutible afinidad que existe entre ambos gobiernos y el trabajo que se viene realizando como socios en la Alianza del Pacífico, no debe hacer olvidar todo lo que queda por desarrollar en el tema de seguridad. Considerando los problemas inherentes a nuestra frontera común, tanto en materia de pobreza y acceso a servicios para la población, como tratándose de la presencia de delincuencia organizada de carácter transnacional, resulta importante contar con un mayor nivel de cooperación. Es más, la posible paz con las FARC -la misma que puede constituir un hito central en la historia del vecino país -deberá ser un aspecto a tener en cuenta. Recordar que la desmovilización de los paramilitares durante el gobierno de Álvaro Uribe generó las llamadas BACRIM (bandas criminales). Seguramente las autoridades colombianas van a tratar de evitar que algo así suceda en esta ocasión, pero el hecho que las FARC manejen parte del negocio del narcotráfico, puede producir cambios respecto a esta actividad criminal con implicancias para el Perú. Además, también existe un tema pendiente muy sensible que en algún momento deberá tratarse a nivel bilateral relativo a los cambios morfológicos que se han dado en la frontera común, lo cual puede llevar, incluso, a una revisión del tratado de límites entre ambos países.

Respecto al Brasil, los vínculos construidos por los dos últimos gobiernos a nivel regional nos han alejado de la potencia sudamericana, a pesar de haber concretado una alianza estratégica a inicios del siglo XXI. No obstante, esto no ha tenido consecuencias negativas para nuestros intereses pues la difícil situación política de nuestro vecino ha provocado que su papel como líder regional se haya visto reducido. Por eso, aunque puedan existir serios cuestionamientos al proceso de destitución de Dilma Rousseff, el gobierno debe continuar siendo cauto respecto a lo que sucede en dicho país, pensando no solo en que es altamente probable que la derecha brasileña gobierne los próximos años, sino también para hacer frente a posibles casos de corrupción que impliquen a autoridades peruanas. Asimismo, deben considerarse las oportunidades económicas que se pueden generar a partir del interés mostrado por los nuevos gobiernos de Brasil y Argentina por acercar MERCOSUR a la Alianza del Pacífico.

En cuanto a Bolivia, se hubiera esperado más del gobierno anterior. Cuando Ollanta Humala aún se paseaba por la región siendo presidente electo, en su visita a Evo Morales -hasta ese momento alguien cercano ideológicamente- llegó a referirse a una posible reunificación entre ambos países (supongo que recordando la fallida confederación del siglo XIX); sin embargo, nada de eso se dio.

Se tuvo que esperar hasta el 2015, finalizando su mandato, para llevarse a cabo el primer gabinete binacional. Teniendo en cuenta los aspectos históricos y culturales que nos unen, además de la agenda que existe en términos económicos y de seguridad de gran importancia en la frontera entre ambos países, es increíble lo poco que se ha desarrollado la relación. Es más, un tema que resulta crucial para Bolivia como la renovación de los acuerdos de Ilo firmado el 2011, no ha sido ratificado por el Perú a pesar de las modificaciones introducidas para ello.Por tanto, al gobierno de Kuczynski le corresponde liderar un acercamientoque puede ser sustancial para el desarrollo del sur del país y demostrar que más allá de las diferencias ideológicas siempre están los intereses del país. Por último, no olvidar tampoco, el proceso que Bolivia tiene con Chile ante La Haya, el cual si bien no nos compete al tratarse de un tema bilateral entre dos vecinos, podría tener efectos sobre nuestros intereses. Las diferencias con Chile y la pérdida de aliados claves en el otro lado del subcontinente, pueden hacer de Bolivia un país mucho más cercano a nosotros. Habría que aprovechar esta coyuntura.

Como puede verse, la agenda a nivel bilateral, en tiempos de cooperación y no de conflicto, presenta retos muy interesantes para avanzar en cuanto a la relación con los países vecinos. Si a esto le sumamos, lo que se viene trabajando a nivel bilateral dentro de la Alianza del Pacífico (que incluye a Chile y Colombia), y lo que sepuede desarrollar en la UNASUR (promoviendo el liderazgo de Brasil de la agenda sudamericana) o en la Comunidad Andina (conjuntamente con Bolivia, Colombia y Ecuador), las posibilidades que se generan para la política exterior peruana a nivel vecinal son mayores.

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