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De izquierda o de derecha

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De un tiempo a esta parte hay un intento de algunas personas que escriben en los medios de desnaturalizar los conceptos académicos de ‘derecha’ e ‘izquierda’, deformando el diagrama de Nolan y de retornar a la explicación simplista, pero falsa, de que la izquierda es partidaria del estatismo. En ciertos ambientes el horror a ser considerado de izquierda lleva a muchos a tratar de evitarlo a cualquier costo. Es tal la estigmatización, que no han dudado en hacer cambios en el mencionado diagrama para mejorar la percepción de la derecha y degradar la de la izquierda que pretende ser vista como la radical de los setenta, pero que en realidad ha cambiado mucho.

Como lo señalé en un artículo anterior , la diferencia entre la derecha y la izquierda es la de los partidos políticos clásicos: conservadores y liberales, aunque estos últimos no tienen nada que ver con los neoliberales de nuestros tiempos.

Coloquialmente, ser de derecha es ser pro-empresarial, en el Perú, pro-minero, enemigo de los defensores de los derechos humanos, del Informe de la Comisión de la Verdad, de la mayor parte de los intelectuales (‘caviares’) y de la academia en general, de las protestas sociales y defensor de la ‘mano dura’ y de los gobiernos fuertes, sino dictatoriales. Por lo general, la persona que se dice de derecha es históricamente partidaria de Franco en España, Pinochet en Chile y de Fujimori en el Perú. Se dicen creadores de riqueza y contrarios a una mejor repartición de ésta, porque creen en el chorreo (‘la acumulación en manos de los empresarios exitosos termina por chorrear a la multitud’). A cambio, algunos de ellos, predican la libertad como valor supremo, menoscabando la justicia y algunos se autodenominan liberales, a pesar de que la mayoría son en realidad neoliberales o liberales economicistas, como prefieren llamarse, y en el fondo, muchas veces, mercantilistas.

Así la mayoría de neoliberales (hay algunas excepciones) dejan de defender la libertad cuando les tocan sus intereses o los de sus patrones (los que les pagan sus sueldos y honorarios o sostienen sus institutos de investigación). Un ejemplo indiscutible en nuestro país es la defensa que la mayor parte de ellos hace de la obligatoriedad de los aportes a las AFP, que no es otra cosa que la defensa de los intereses de sus accionistas, o su resistencia (prefieren evitar el debate público) a abrir la competencia en el sector financiero, permitiendo la abierta participación de los bancos, aseguradoras y administradoras de fondos , no registrados, es decir que las empresas extranjeras puedan captar clientes (vender sus productos financieros) sin estar registrados en la SBS. Es muy probable que si no existiera esa barrera de ingreso la mayor parte de nuestro sector financiero, incluyendo las AFP, vería sus márgenes reducidos y tendría muy escasas posibilidades de subsistir.

Supongo que quienes defienden que se mantenga la barrera dirán (como decían algunos ‘empresarios’ de los setenta) que eso sería permitir la aniquilación de nuestras compañías, la pérdida de los empleos que dan en la actualidad y que los extranjeros estafen a nuestros connacionales sin que la SBS los proteja. Esta argumentación es manifiestamente contradictoria para un liberal, más si el público que escoja poner su dinero o comprar sus seguros en una entidad no registrada, estaría claramente advertido de los riesgos que asume (lo que concuerda con el ‘consumidor razonable’ que ellos defienden). De otro lado, la experiencia con los otros sectores demuestra que no es así y que la desaparición de la seudo-industria ha traído más beneficios que costos. Dar este paso va a ser difícil, ya que el gran poder económico está concentrado en el sector financiero.

Lo expuesto en el párrafo anterior desnuda a quienes se denominan de derecha que no son otros que los que defienden el statu quo, que usualmente son lo beneficiados de las reglas imperantes, aunque es frecuente encontrar algunos esbirros (gerentes, funcionarios o incluso empleados de grandes empresas o profesionales independientes contratados por éstas) que son más feroces defensores de los intereses de sus señores que ellos mismos.

Otra de las deformaciones que hace la derecha es construir un retrato de la izquierda a su gusto y medida para vapulearlo y la principal falsedad que le atribuyen a ese sector es que es estatista, recordando a la izquierda marxista de la que ya queda poco o casi nada después de la Caída del Muro de Berlín. Lo opuesto al estatismo no es la derecha, como algunos falsamente sostienen, sino (como es obvio en el diagrama de Nolan) los denominados libertarios y en el extremo los anarquistas, que pretenden eliminar al Estado y sostienen que ‘los gobiernos son enemigos de los pueblos’ (lo que muchas veces resulta cierto). La izquierda moderna está más cerca al antiguo Partido Liberal, que como adversario reclamaba cambios al Conservador, y está mejor retratada por la social-democracia europea que acepta el libre mercado, pero con límites y regulaciones. Incluso puede hablarse de un sector del liberalismo que es de izquierda y que defiende la democracia, los derechos humanos y la necesidad de proteger al débil para evitar que el lobo se coma al cordero .

La izquierda es más bien el grupo de personas que no está de acuerdo con el statu quo y considera que es necesario modificarlo, aunque muchos de ellos no sean conscientes de esta situación. Es obvio que los líderes y partidos políticos no han sabido ofrecer alternativas convincentes de cómo realizar este cambio, a lo que han colaborado los fracasos de algunos gobiernos que se autodenominaron de izquierda (suelen ser eficientes organizando protestas, pero incompetentes cuando gobiernan) y también los que resultarían afectados que afirman y sostienen que los remedios son peores que la enfermedad a través de todos los medios a su alcance, aparatos mediáticos que logran engañar a los incautos. De la extrema izquierda no vale la pena ni ocuparse, porque es anacrónica, está retratada en la Venezuela de Chávez y Maduro y tiende a desaparecer, salvo que la derecha pura y dura la resucite con abusos y maltratos. Sendero Luminoso no apareció porque se le ocurrió a Abimael Guzmán, sino porque nuestra clase dirigente fue miope e incapaz de hacer concesiones para construir un país más justo.

Existe también lo que suele llamarse el Centro, conformado por quienes creen en la necesidad de reformas aunque difieren en la velocidad con que hay que implementarlas, lo que lleva a que se les denomine a algunos de centro-derecha y a otros de centro-izquierda. Por lo general, este sector está conformado por los más ilustrados y los más ponderados miembros de la sociedad. Lo que algunos dicen que es la derecha democrática está más bien en este sector y no en la derecha misma

Lo expuesto es un ejercicio teórico que pretende aclarar las confusiones pero que se ve obligado a olvidar cómo se dan en realidad las cosas en la realidad, en las que los grupos de poder van lentamente cediendo terreno a las demandas de la mayoría y muchas veces sin ser conscientes de que lo están haciendo, si bien con frecuencia reclaman por ‘sus derechos’ con todas las armas a su alcance, incluida la corrupción, que contradictoriamente siempre critican. El proceso histórico por el que la mayoría ha logrado ganar terreno, frente a la minoría que se aprovecha de ellos, se inició hace mucho tiempo, pero todavía sigue y continuará. En nuestros días, con frecuencia se olvida que el Estado de Derecho se creó para proteger a los débiles y que pretender que el dios Mercado lo gobierne todo implicaría regresar a la ley de la selva en que el fuerte somete al débil, una suerte de darwinismo; que las cosas no hayan funcionado como se pensó que funcionarían, no debería llevarnos a pretender desaparecer el Estado, sino a mejorarlo y hacerlo más eficiente.

Entrevista

Justicia