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Lourdes Flores: “Le doy gracias a Dios todas las noches por no haber ganado una elección”

Foto: RPP.

Se le podría considerar la última política de fuste, en una sociedad en la que está en entredicho la dignidad del ejercicio y la lucha por el poder. Hay una fuerte contradicción en ella: sin proponérselo ha sido una mujer que se impuso en un mundo de hombres, pero, a la vez, es muy conservadora en sus posiciones y en su vida personal. Los años y las sucesivas derrotas le han asentado y, más bien, ahora flota como la flor de loto sobre el agua estancada. Su renuncia a cualquier tipo de candidatura le ha aligerado la vida.


Tú te formaste políticamente en un mundo liderado por hombres. ¿El camino fue más complicado?

Siempre digo que no he perdido por ser mujer, a pesar de algunas cosas complicadas que salieron en las campañas más que por el hecho de ser mujer, por no ser madre. La campaña del 2001 fue durísima. Eliane Karp habló en quechua y dijo que una mujer que no es madre es incompleta. Ese es un tema bien popular, que impactó mucho: un mensaje que iba directo al corazón. Fue una estrategia de campaña agresiva y negativa. En el imaginario popular, la Presidencia de la República – que era mi ilusión- debía ser ocupada por un varón casado, y de pronto aparece una mujer soltera y que no era madre. Para las mujeres de sectores populares si la candidata no es casada o no tiene pareja pasa, pero si no ha sentido el dolor del parto representa algo extraño.

La maternidad es vista como la función sagrada que la mujer debe cumplir. Y esto no es solo en sectores populares sino también en los medios y altos.

En eso no le falta razón a Rolando Arellano, que ha estudiado los estilos de vida. Comparto su tesis de que no es un problema socioeconómico. Dos señoras que son amas de casa y de diferente sector social pueden tener más o menos el mismo estilo de vida, sus razonamientos son parecidos. Esos son rezagos de una sociedad que le atribuye ese rol a la mujer. Y vaya que a mí me hubiera encantado ser madre.

Hoy en día es políticamente correcto decir que uno votaría por una mujer.

Aparentemente, pero si indagas un poquito más, si preguntas sobre los temores, fortalezas y debilidades es ahí donde sale la verdad. El día que llegue una mujer se romperá el hechizo. Por ejemplo, Hillary ha roto un paradigma en Estados Unidos. Su discurso liberal contrastaba con un sector de votantes hiperconservadores  que votaron por Trump. Creo que ahora el ciudadano promedio norteamericano podría pensar en una mujer como presidenta aunque en realidad ella obtuvo más votos que Trump solo que no alcanzó el triunfo por el tipo de modelo electoral.

A principios del 2000 votar por una mujer todavía representaba la novedad.

Es cierto que era una novedad en el 2001, y en el 2006 también. Probablemente en la etapa final de la campaña del 2006, el ser mujer pudo haber sido percibido como un factor limitante frente a la fuerza de Humala. La fuerza se asocia al hombre. Seguramente por ser mujer y representar a un sector pepecista, más de derecha, muchos se preguntaron si podría ganarle en la segunda vuelta. Ahí se perdieron unos miles de votos que se fueron a García. Todavía en el imaginario popular quedaba una cuota de duda porque no hemos vivido la experiencia de tener una presidenta.

A partir del 2006 ya la idea se interioriza, y se espera que en cualquier momento una mujer sea presidenta.

Con toda modestia, creo que yo he contribuido a eso. Al principio cualquier imagen femenina en un puesto de poder representa una duda, una incertidumbre. Susana y yo competimos y por primera vez una mujer fue elegida alcaldesa de Lima, porque la señora Fernandini fue nombrada en el cargo. Se asume en la medida que los ciudadanos empiezan a ver como natural la presencia de una mujer en un puesto de poder se asume así. La Presidencia de la República es todavía un factor de novedad. ¿Llegará, lo hará bien, tendrá la fuerza?

Y justo en ese momento decides ya no volver a postular.

Así es la vida.

Cuando tú ingresaste al PPC, el partido estaba copado por esos señores mayores, formales, machistas.

Sí, pero conmigo han tenido una generosidad extraordinaria.

¿O condescendencia?

Pero yo no puedo olvidar que tres varones muy importantes fueron mis grandes impulsores: Felipe Osterling y Enrique Elías, que fueron mis profesores, y, sobre todo después, Antonino Espinoza, una persona mayor y un ideólogo del partido. También el propio doctor Bedoya, que evidentemente tiene una visión muy tradicional en muchas cosas. Había mucho cariño, mucha coincidencia.

Quizás porque eras la única mujer con esa proyección tuviste la facilidad de la excepción.

Claro, quizás porque “una es suficiente”, no lo sé. El partido tuvo mujeres fundadoras muy valiosas, una destacadísima educadora y constituyente maravillosa como Gaby Porto de Power; otra que abrió camino y rompió parámetros fue Luz Álvarez de Schultz.

Tú eres de una generación post “El segundo sexo” de Simone de Beauvoir. Los movimientos feministas en el Perú se organizan en la década del 80. ¿Tuviste alguna influencia de esas corrientes?

No he leído obras completas, pero he leído artículos de muchas feministas. La década de los 90, en la que fui parlamentaria, fue buena en materia de legislación a favor de la mujer. Fui autora de una primera ley en contra de la violencia femenina, antes de la Convención de Belém do Pará, que después modificamos. Me alegro mucho de haber tomado esa bandera. También fui autora de la ley del ADN, que lo introdujo como un factor para investigar la paternidad. Apoyé con entusiasmo a Beatriz Merino en su ley para eliminar el recorte de la pena cuando un violador se casaba con la mujer violada. Acompañé a Anel Townsend en su propuesta para que las mujeres puedan acceder a mandos militares. Propuse que se introdujeran las cuotas en materia electoral en la Comisión de Constitución. El proyecto no pasó, hasta en un viaje Rolando Breña convenció a Martha Hildebrandt de su conveniencia, y ella, a su vez, convenció a Fujimori, y así fue como se aprobó la ley.

¿Estás de acuerdo en que todavía vivimos en una sociedad patriarcal?

Subsisten todavía muchos elementos que son rezagos conservadores de la sociedad. Todavía hay posiciones polarizadas. El feminismo auroral, en el que las mujeres debían asumir roles masculinos para poder entrar en una sociedad muy cerrada, ha dado paso  al feminismo contemporáneo, en el que ya no tienen que asumir un rol masculino, y eso es lo bonito. La femineidad se debe expresar con naturalidad, y tanto los varones como las mujeres deben comprender que en esa diferencia está lo mejor.

¿Qué opinas de la satanización de la perspectiva de género, a la que se le llama equivocadamente “ideología de género?

Yo trato de ser cuidadosa con los términos. La sociología ha introducida la expresión “género” para explicar cómo es que se ha estereotipado el papel de la mujer en un contexto cultural y social. Yo creo que si hablamos de varones y mujeres el discurso se vuelve menos complicado. Ahora, me parece que es innecesario que en los libros de colegio se hable de Caperucita y Caperucito. Me parece que es meter más leña al fuego.

¿Por qué admiras a Margaret Thatcher?

Porque fue una mujer de hierro que levantó una nación que estaba de capa caída después de haber sido un gran imperio. Enfrentó un cambio de era. Me parece que tuvo liderazgo. No es que yo comparta sus teorías y sus puntos de vista. Con todo lo que se dice de mí, yo me siento lejos de ser una mujer autoritaria o de tener un talante hiperliberal. Yo soy una persona bien centrista en mi forma de ser y bien consciente de mi visión socialcristiana. No es mi ídolo; me gusta más Ángela Merkel, aunque ella me parece el ser más frío y que he conocido en mi vida. Es monosilábica. La conocí cuando la acababan de elegir secretaria general de la Unión Demócrata Cristiana.

Ahora nadie se sorprende cuando dices que eres centrista, pero en la década del 90 estabas en un partido considerado como de derecha cavernaria por Alan García. ¿Han cambiado los radicales, el partido, tú?

El epíteto del PPC como derechista surge cuando se escinde de la Democracia Cristiana. Se produjo un desviacionismo que supuso la izquierdización del pensamiento social cristiano y que terminó con el apoyo al gobierno militar de Velasco. En una polémica mi admirado maestro Cornejo Chávez empujó al doctor Bedoya hacia la derecha. En la campaña del 80 la izquierda dijo que Bedoya quería taiwanizar el país. El PPC introdujo en la Constitución del 79 la economía social de mercado, la apertura económica, la liberalización de la economía. Ya cuando el mundo polarizado cambia en la siguiente década, y en el Perú surge un modelo liberalizador autoritario, lo que ocurre es que nuestro electorado se ve atraído por el fujimorismo, y el PPC se queda muy huérfano. No entienden nuestro discurso democrático y les parece que no deberíamos estar en contra de un gobierno que está haciendo las reformas que el PPC hubiera podido hacer.

¿Por qué pegó tanto el fujimorismo?

Porque copó ese pensamiento con una dosis de autoritarismo que está muy metido en la mente de la sociedad, por algo que Alberto Flores Galindo dijo con acierto: que la gente anda en busca del Inca perdido, del padre. Cuando hicimos un focus luego de la caída de Fujimori, resultó que Montesinos representaba el diablo y Fujimori el padre que los había abandonado. El regreso de este fujimorismo ha dejado un espacio al medio que creo que nosotros tenemos que cubrir.

¿Que tú liderarás?

Es bueno que un partido de cincuenta años se refresque con gente joven, más liberal que yo. Tengo que reconocer que en mi forma de pensar y en los temas éticos soy más conservadora. Acabo de estar en la ceremonia de condecoración a Monseñor Cipriani.

"Me parece que de momento no hay algún elemento concreto que le impute una responsabilidad directa en las investigaciones en curso".

¿Hasta dónde llega tu liberalismo económico al estilo Thatcher? ¿Los límites los impone el socialcristianismo?

El partido es parte de la Internacional Demócrata Cristiana, también somos parte de la Internacional conservadora. Eso no quita que me puedo sentir identificada con algunos planteamientos de los laboristas británicos o de los demócratas norteamericanos, claro que no con la legalización del aborto o el prochoice. Soy una ferviente defensora de la economía social de mercado, he escrito mi tesis sobre ese tema y dicto un curso en la universidad. ¿Qué cosa es la economía social de mercado? Una combinación entre la apertura económica y un rol para el Estado, la política, las leyes de compensación de la distribución social y el gasto público.

¿Cuál es la diferencia con la socialdemocracia?

Después de la caída del Muro de Berlín las posiciones se han acercado. En sus orígenes la socialdemocracia fue la relectura del joven Marx, del que piensa que lo social puede prevalecer sobre lo individual, y que por eso se pueden dar determinadas medidas para priorizar lo colectivo sobre lo individual. Para los socialcristianos la libertad nunca se debería sacrificar. Los matices están en el énfasis de cuánto estés dispuesto a sacrificar la libertad. En los extremos están las posiciones estatistas del marxismo fracasado y el liberalismo, que sostiene que la justicia llega como consecuencia de la competencia. Nosotros decimos que la competencia no es perfecta.

En el mundo socialdemócratas y socialcristianos gobiernan juntos.

Claro, por eso a los alemanes no les parece extraño que la señora Merkel, que no alcanza mayoría, gobierne con la socialdemocracia. En cambio a mí me han tirado un cachetadón por plantear un entendimiento con el APRA y Alan García.

Mientras hablabas pensábamos en “pan con libertad”.

Bueno, hubiera sido imposible un entendimiento con el Alan García #1, que era el desorden económico, el caos; pero con el Alan García #2 y con el plan de gobierno que hicimos, sigo pensando que no hubo ninguna traición. Pero para qué me martirizo. La gente nos ha dicho que ha sido una barbaridad y nos ha castigado duramente. En Chile hubo cogobierno  durante cinco gobiernos y nadie se murió por eso. El último de Michelle Bachelet no me gustó porque creo que se abrió demasiado hacia el Partido Comunista, y eso terminó radicalizándola y perdió el centrismo que se había logrado.

Pero tu análisis se centra solo en un punto de vista ideológico. Tú sabes mejor que nadie quién es Alan García. Fuiste la presidenta de la comisión que lo acusó en el Congreso en 1990, por enriquecimiento ilícito. Eso es lo que nos llama la atención.

Lección aprendida. Metida de pata. Calculé muy mal. No creo que haya traicionado nada, pero sí que no percibí que lo que yo consideraba un gesto de madurez, de acercamiento entre dos partidos antagónicos - después de lo que significó la improvisación del gobierno de Humala - le pareciera pésimo al electorado, principalmente al del PPC, por las razones que ustedes indican. Al peruano promedio eso le suena a acomodo. Fue un proyecto fracasado.

Es que también hay un problema ético. ¿Tú crees que Alan García ha dejado de ser corrupto?

Ese fue un tema recurrente en la campaña. El caso pasó al Poder Judicial y no encontraron nada; la gente lo reeligió. ¿Qué hacemos? ¿Seguimos mirando veinte años hacia atrás?

Eso fue porque la acusación prescribió. Pero tú sabes de la supuesta coima del tren eléctrico, del BCCI.

Afortunadamente para él, hubo procesos que concluyeron y un veredicto popular que lo hizo triunfar. Yo tengo que ser respetuosa de la decisión. El Alan García #2 era mucho más maduro y creo que su gobierno fue distinto. Me parece que de momento no hay algún elemento concreto que le impute una responsabilidad directa en las investigaciones en curso.

En este segundo gobierno.

Mi juicio de valor es a partir del segundo gobierno.

Cuando integras esa comisión investigadora tienes contacto con los parlamentarios de izquierda. Tú participaste en el homenaje que se le hizo a Javier Diez Canseco antes de su muerte. ¿Cambió en algo tu precepción de la izquierda, de ese cuco comunista que se come a los niños?

Fue una experiencia muy valiosa. Mi relación con la izquierda tiene un origen  universitario, de clara confrontación en tiempos ideológicos. Los debates en la Universidad Católica y en la Asamblea Constituyente fueron espectaculares.

Fue un mundo que ya no existe más. Es cierto, la lucha por la democracia nos acercó. Yo tengo de Javier el más grato de los recuerdos, también de Ricardo Letts y de Carlos Malpica.

Era una izquierda más dogmática y más estatista en materia económica.

Era obvio que en materia económica teníamos una distancia clarísima. Una vez tuvimos la osadía de pensar que por medio del Foro Democrático podríamos unirnos, pero era muy difícil porque cuando entrábamos a las definiciones salían las diferencias. Aunque Javier era muy inteligente, también era muy firme en sus definiciones. Pero en el campo democrático fue muy grato coincidir y darnos cuenta de que se podían hacer tareas en común. Igual que en materia de derechos humanos, y en eso me distingo de sectores más conservadores. La crítica que se le ha hecho a Marisol Pérez Tello es absurda. Es muy valioso que una mujer que no provenga de la izquierda, sino que sea socialcristiana, tome estas banderas y se solidarice con los más humildes, y que procure conocer la verdad. Evidentemente no va a ser nadie que constituya una amenaza a las Fuerzas Armadas.

¿Cuando entraste a la Universidad Católica en ningún momento te pasó por la cabeza simpatizar con la izquierda, como muchos jóvenes de la época atraídos por cambiar el mundo?

Nunca, desde el primer momento lo tenía clarísimo. Yo observaba cómo mientras yo tomaba mi micro desde Jesús María, había algunos compañeros que llegaban en el carro de papá y se ensuciaban los zapatos. Yo no creo en las ideas comunistas, discrepo del marxismo radicalmente. Creo que el colectivismo no soluciona los problemas, mucho menos el estatismo,y menos aún los modelos que persisten, como el de Maduro. Reconozco algo más en Javier que a mí me impactaba y me hizo siempre respetarlo: cuando la gente se movía como veleta que sopla el viento, él siempre se mantuvo en su línea. Yo también soy así.

¿Y tuviste afinidad con las corrientes progresistas de la Iglesia católica?

Vengo de una familia católica, me eduqué en un colegio de madres canadienses. Soy  practicante, de misa dominical. Yo jamás encontré dogmatismo en la educación canadiense. Soy muy exigente conmigo misma, pero soy absolutamente tolerante con el resto; incapaz de cuestionar al otro por sus opciones. Mis padres eran así también. Me da tanta pena mi pobre padre, que si algo no tenía era ser racista. A él le decían el Negro Flores, y terminó acusado de racismo por una frase brillante pero infeliz.

¿Te marcó haber estudiado en la Universidad Católica?

La Universidad Católica fue decisiva en mi vida. En esa época había mucha influencia de la Teología de la Liberación, que sin yo saber nada empecé a cuestionar, salvo por la opción hacia los pobres. Tenía un profesor, Pipo Zegarra, que era excelente. Pero claro, sí sentía que a veces había un poquito más de sociología que de teología.

Yo comprendo que cuando se enfrenta situaciones de extrema pobreza se puede priorizar el aspecto social.

Para terminar con el PPC. ¿Dirías que hay dos alas, bandos, tendencias en el partido actualmente?

No las llamaría alas. Ese problema está superado porque un grupo se fue. Nos ha tomado un año de paciente y responsable curso legal y de una magnífica colaboración del Jurado Nacional de Elecciones, que permitió la realización de un congreso impecabledel que salió elegidoAlberto Beingolea. Lo que ocurrió fue que se produjo un problema interno que no era ideológico para nada. Era una cierta disputa de cuotas de poder que se agudizó cuando dejé la presidencia del partido. Raúl Castro fue secretario general y vicepresidente en mi directiva y  seguramente tendría alguna ambición que disimuló muy bien ya que fue un muy eficiente secretario general.

¿Por qué Raúl Castro se retira del PPC?

Porque surgieron dos estilos, dos maneras de mirar la marcha del partido: una más tradicional que era la de Raúl y una más moderna que era la de Marisol Pérez Tello, Alberto Beingolea y Juan Carlos Eguren.Cuando viene la elección de finales del 2011 actué con neutralidad absoluta, pero Raúl me acusó de ser la madrina de los reformistas. Raúl ganó el congreso solo por 12 votos, y recuerdo que Bedoya con su sabiduría le dijo que el mensaje era que tenían que ponerse de acuerdo. En lugar de entender ese mensaje obvio, Raúl radicalizó su posición. Nos metimos en un embrollo tremendo. Nunca nos había sucedido eso.

¿Te involucraste demasiado con los reformistas?

Mi error fue meterme en la pelea, y lo hice porque había cosas que me molestaban, gestos de innecesaria provocación. Tuve que tomar partido, y la pelea terminó siendo una entre Raúl y yo.Pero ya eso pasó. Ahora nuestra frase es “estamos de vuelta”.

¿No sientes ahora, a la distancia, que todos los que te han ganado las elecciones han tenido victorias pírricas? Toledo, Humala, Kucsynski, Susana, Alan García.

Yo rezo todas las noches, y entre las cosas por las que le doy gracias a Dios está no haber ganado una elección. Creo saber cuál hubiera sido mi conducta, pero dicho con toda claridad y en beneficio de los que están siendo investigados, ¿puede un gobernante peruano, por más prolijo y cuidadoso que sea, tener la absoluta certeza de que en medio de esa debilidad estatal donde se extendió el maletín como forma de llegar a cualquier puerta, alguien cercano no lo traicionara? Dios y mi madre me han protegido. ¿Cómo evitar todas las triquiñuelas que venían después de firmar un contrato? Una persona correctísima no tiene la capacidad de controlar un Estado tan débil en el que los partidarios se aprovechan de la cuota de poder.

La falta de institucionalidad y de ética es una amenaza para cualquiera.

Paniagua fue un hombre totalmente honorable, pero si hubiera gobernado cinco años, no sé, de repente hubiera terminado enjuiciado también.

"Me parece que es un Papa para este tiempo. Algunos pensaban que iba a traer la ruptura de ciertos valores y eso no va a ocurrir nunca porque la Iglesia es una institución universal, permanente en la historia, nunca va a variar los conceptos básicos".

El poder cambia a los gobernantes. La combinación poder-dinero parece ser fatal a nivel personal. ¿Cuál es la relación entre poder y enriquecimiento?

Un político que no busca el poder no es político, pero lo debe buscar para servir, para transformar, para hacer posible los ideales. Yo he tenido maestros que respondían a esos ideales. Yo me he sentado en la última fila del partido a escucharlos, como en la escuelita. He sido formada en un tiempo en que había ideas por las cuales luchar. Eso se perdió. El fujimorismo inoculó en la mente de la gente que eso no servía, que era pérdida de tiempo, que había que ser pragmáticos. Eso, sumado a una política de espectáculo en los medios de comunicación, han vuelto mediocre a la política. Afortunadamente ya hay recursos públicos para los partidos y yo me alegro mucho de eso porque nos permite volver a la escuelita para formar a la gente.

Instituciones fuertes y un Estado limpio y eficiente es lo que necesitamos a gritos.

Es que con un aparato del Estado muy fácil de penetrar, sin partidos sólidos y sin una formación de cuadros es muy fácil que la corrupción campee. Creo que hay que volver a una política seria. La corrupción tiene como una de sus fuentes a la improvisación y el aventurerismo. Acá la gente se mira al espejo y dice “quiero ser presidente” el primer día. ¿Quién hace carrera, quién aprende? El que emprende esta carrera tiene que tener una cierta vocación de servicio, tiene que ser parte de un colectivo en el que hay que hacer sacrificios, tiene que someter sus ideas a las de los demás.

Así que ya no volverás a postular a la presidencia.

No, ya no. Le toca a la muchachada del Karamanduka.

Ustedes no han apoyado a Velarde en su postulación a la alcaldía de Lima, sino que han apostado por Beingolea. ¿No les convence la visión tan vanguardista de ciudad que ha tratado de plasmar en San Isidro?

Yo me sentí muy contenta de que fuera un invitado nuestro. Efectivamente, ha sido un alcalde atípico. Como sanisidrina de la zona cinco, yo apruebo su gestión. Él es una figura que ha traído una idea de modernidad muy especial. Un día el doctor Luis Bedoya me dijo: “Este muchacho tiene una idea de ciudad”. Yo le dije: “Sí doctor, en Amsterdam”. Y él me respondió: “No, él sabe”. Y claro, tiene ideas interesantes. ¿Cómo acabamos con el caos vehicular? Él sostiene que usando bicicleta, haciendo que la gente camine y que se mude cerca de su trabajo, construyendo edificios que combinen oficina con casa. Son conceptos modernos. Ahora, en un distrito conservador y de gente mayor como San Isidro eso causa rechazo porque también trae sus problemas.

De ahí a dar el salto para Lima, no lo sé. Quizás se ha adelantado un poco.

Algo que no podemos dejar de preguntarte es tu opinión sobre el Papa Francisco. ¿Te parece demasiado progresista?

No, me encanta. He seguido su visita al Perú con emoción. Me parece que es un Papa para este tiempo. Algunos pensaban que iba a traer la ruptura de ciertos valores y eso no va a ocurrir nunca porque la Iglesia es una institución universal, permanente en la historia, nunca va a variar los conceptos básicos. Me gusta su mensaje sobre la tolerancia y la diversidad. Lo que le hemos escuchado decir sobre la Amazonía, sobre la trata de mujeres es muy importante. Además tiene una formación jesuita que siempre he valorado muchísimo.

¿Qué opinas de la designación del monseñor Barreto como cardenal? Tu gran amigo, monseñor Cipriani, no debe de estar muy contento.

Lo conozco poco, pero le tengo mucho respeto. Es un jesuita con una experiencia pastoral muy valiosa. Dicen que ha sido muy equilibrado en el tratamiento del tema ambiental en la Oroya. Yo creo que el Papa ha elegido a un hombre que complementa una visión de un sector de la Iglesia.

No rima que simpatices con Cipriani y Barreto a la misma vez.

No sé si no rima. Yo respeto a Cipriani porque es la autoridad eclesiástica. He lamentado muchísimo el conflicto con la Universidad Católica porque yo adoro a mi universidad, y me alegra que esté casi superado porque el Vaticano entró a tallar en el tema. Faltó un poco de permeabilidad para encontrar ese justo medio sin perder eso que es la esencia de mi formación: unos valores muy claros y mucha pluralidad.

Cipriani ha sido muy cuestionado por su posición frente a los derechos humanos.

La primera vez que me saludó cuando lo fui a visitaren Ayacucho, me dijo: ¿Qué derechos humanos ha venido a defender? Y yo lo tomé con gracia. Valoro que defienda sus ideas con firmeza. Sí comparto sus valores a favor de la vida, de la familia, y hay puntos en los que tengo discrepancias con él.

¿Tú eres católica, pero no del Opus Dei?

Yo era una candidata perfecta para el Opus Dei, pero creo que los que buscaron se les fue la mano y sentí que me asediaban. Y ese asedio me libró y me dio más libertad.

¿Participas en la Marcha por la Vida?

Con excepción de ésta, he ido a todas. Yo defiendo la vida desde la concepción, no soy partidaria del aborto. Tampoco me parece que el discurso religioso deba centrarse en la sexualidad; me parece que es un factor. Hay que educar en valores para que el adolescente adquiera un sentido de paternidad responsable.

¿Te sientes identificada con el movimiento “Con mis hijos no te metas”?

Con la defensa de los padres a tener un rol educador, sí. Con el radicalismo que he oído en algunos promotores, no.

¿Y con respecto al matrimonio gay?

Creo que el matrimonio es una institución de origen heterosexual. Creo que debe haber una legislación que conceda todos los derechos sin desfigurar las instituciones. La unión de hecho es una forma de consagrarlos.

¿Y qué se hace cuando una niña de nueve años es violada y sale embarazada?

Es una situación terrible. En general me mantengo como defensora de la vida y no sería partidaria del aborto, pero no dejo que reconocer que es un drama tremendo. El problema es previo y tiene su origen en la crisis de la familia, por eso me parece una respuesta simplista la pena de muerte para los violadores.

¿Cómo haces para conciliar tus valores católicos y tu aceptación del Estado laico?

Es que ahí hay un concepto de Estado constitucional. El aspirante a gobernante debe hacer explícitos sus ideas y valores, algo que no pasa acá; y el ciudadano debe votar por todo el paquete: por el ser humano, sus ideas y sus valores. Entonces, cuando llega al gobierno, los votos le dan la fuerza para hacer posible ese programa o lo obligan a buscar un entendimiento. Eso sucede en todas las democracias modernas: como normalmente no se gana con mayoría absoluta, hay que hacer concesiones. Eso es lo normal, no como en el Perú que parece que el entendimiento fuera un pecado. ¿Si la mayoría piensa distinto, el gobernante tiene derecho a imponer sus ideas? No. Puedo hacer todo el esfuerzo. Yo observaría una ley a favor del aborto y expondría mis razones. La ley aprobada tendría que ir al Tribunal Constitucional. Esa es la democracia.

¿Eso puede estar pasando con el actual gobierno? No sabemos cuáles son sus ideas centrales, sus principios. Lo único que sabemos es que quiere durar.

Puede llegar a ser tan “ni fu ni fa” que le da lo mismo estar aquí y allá. Siendo una buena persona, bien intencionada, hasta ahora no sabemos qué quiere Vizcarra. Después de un terremoto hemos salido en orden, ha habido una sucesión, los fujimoristas se han vuelto buena gente y han respaldado al Primer Ministro.

Salimos de la tempestad. Viva la calma. Pero, ¿hasta cuándo? Hay marchas y contramarchas. Nadie quiere tomar decisiones. Se mueren de miedo, y es cierta la expresión popular de “no se puede hacer tortilla sin romper huevos”. Yo soy de origen moqueguano. ¿Vamos a vivir la siesta moqueguana de manera permanente?

Las memorias

Un punto en el que parece imposible ponerse de acuerdo como sociedad, y que se utiliza para hacer populismo penal, es el de la memoria y la reconciliación. El LUM es un lugar de disputa. ¿Te identificas con la posición del general Donayre?

Definitivamente no. Yo respaldé la creación de la Comisión de la Verdad. Mi partido concurrió a la invitación, y cuando se emitió el Informe también lo respaldé. Puede ser que haya frases en el Informe que generan suspicacias, o puntos en los que tengo alguna discrepancia. Quizás no se ha puesto suficiente énfasis en que Las Fuerzas Armadas no iniciaron el conflicto armado y que éstas tuvieron que aprender a combatir el flagelo del terrorismo. Y por eso no estoy de acuerdo cuando se afirma que hubo una violación sistemática de los derechos humanos.

Hay varias narrativas sobre lo que ocurrió. ¿Debería haber una versión oficial?

El fujimorismo quiere introducir su versión en los textos escolares porque quiere reivindicar su lucha contra el terror. Lo correcto es que este periodo se enseñe en los colegios como uno traumático en la historia del Perú, explicando por qué llegamos a esto.

¿Cuál es tu versión?

Para mí lo que se debería decir es que el Perú vivió una amenaza terrorista muy grave que atentó contra el Estado peruano, y esos movimientos extremistas, radicalizados fueron los principales violadores de los derechos fundamentales y que mataron a miles de personas. En segundo lugar, se debe decir que en defensa del Estado intervinieron las Fuerzas Armadas; ellos no propiciaron la guerra. Y que en esa lucha hubo excesos que deben ser castigados. Soy contraria a la ley de amnistía. También se deben distinguir dos etapas en esta lucha contra el terrorismo: una primera en la que cometieron la mayor cantidad de excesos, y otra en la que la estrategia fue acercarse a la población. Pero se debe decir queue incluso en ese segundo momento surge un grupo como Colina, como la excepción de una política antisubversiva que cambió. Si todo eso se explica objetivamente hacemos historia y aprendemos la lección.

Se han dado una serie de leyes en los que se restringe que sentenciados por terrorismo enseñen o trabajen en el aparato estatal.

Puede ser un extremo, pero es un cuidado que hay que tener porque todo indica que el terrorismo intenta reciclarse de distintas formas. Nadie que haya cumplido su condena debe seguir en la cárcel y debería reinsertarse socialmente, pero no me parece que debería ser maestro en una escuela. Alguna convicción tuvo y no sé si se ha arrepentido del todo. Es una prevención que puede ser dura, pero válida.

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