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Entre el magnetismo y el dilema presidencial

Ya había dicho en este mismo espacio que por más esfuerzo desplegado, las cosas no le están saliendo bien al Presidente. El análisis debe, por la complejidad del personaje, incorporar varios niveles, entendiendo que solo la actuación interdisciplinaria podría acercar el diagnóstico a la realidad. Diagnosticar esta vez hace referencia a su acepción más clínica, ya que la obsesión (idea inamovible en la mente que genera perturbación) ha sido su principal —como dice la canción— motor y motivo.

El Presidente ha condensado en su actividad pública la contradicción y la incertidumbre, pero su objetivo siempre ha estado bien fijado (hacer que no gane el que él no quiere). Los medios y las apuestas han tenido variantes notables.

Se encargó en la campaña del 2006 de sacar del camino a Lourdes Flores (con denuncia de fraude incluido) y luego derrotó en segunda vuelta a Ollanta Humala, a quien satanizó en consonancia con distintos sectores económicos, políticos y mediáticos. Ya en el gobierno lo redujo de manera considerable, al punto de que frente al mismo auditorio al que antes prometía, hoy rinde cuentas: “Se acabó el peligro: cualquiera de los que aparentemente tiene ventaja podrá y deberá mantener lo sustantivo del modelo exportador, descentralista, democrático y de la inversión en nuestro país”. Conclusión lógica: bulliciosos aplausos.

Hoy su blanco es Alejandro Toledo, y no porque se parezca a Ollanta Humala en sus orígenes y planteamientos, sino por las posibilidades reales que tiene de ganar en estas elecciones. El asunto queda en evidencia cuando sus apuestas (que no siempre son las del APRA) pierden peso y no le aseguran el blindaje que necesita para sobrevivir los cinco años siguientes y regresar a escena para el bicentenario.

Su nivel de irritación es indescriptible, dice alguien que lo conoce más de cuarenta años. En una línea distinta está el partido, cada vez más distanciado de Haya, que perdió a su candidata en medio de una disputa, por decir lo menos, vergonzosa. La factura por pagar puede dejarlos fuera del próximo Congreso. A decir de un distinguido líder aprista, eso poco importó a Alan García, porque una sola llamada hubiera puesto las cosas en su lugar.

Con la cancha libre, Toledo logró posicionarse exitosamente como el principal opositor del Gobierno, que frente a la precariedad y a la desidia de otros, lo ubicó en medio de una orfandad evidente. En esa etapa el mérito no fue mayor. Hay que sumar a eso que reabrió la herida del 2001 (cuando le ganó a García). Mientras el ex presidente lo ha capitalizado al máximo, el actual no se lo perdona. Y esto (regreso a lo de la obsesión) ha terminado haciéndole un invalorable favor.

Alan intuye (no sé si con toda razón) que Perú Posible es la opción menos amigable, y se ha encargado directamente de empedrarle el camino, con resultados, hasta el momento, poco auspiciosos. Por el contrario, ha generado estallidos en su propio entorno, reavivando viejas preguntas y, sobre todo, develando oscuras relaciones.

El Presidente tiene propiedades magnéticas innegables que no solo atraen el metal sino también amistades peligrosas. La plata no llega sola (aunque sea de pacotilla), sino, hoy se sabe, acompañada de un buen vino. Lo grave es que aún no se tiene idea de lo que puede haber detrás. Si es posible que uno de los integrantes de una familia procesada por lavado de activos done cinco mil dólares que no se registran en ningún lado, y que finísimos vinos llegan desde Argentina solo por voluntarismo y afecto, la pregunta es: ¿Que más puede haber llegado o estar en camino?

El escenario se aclara y las tendencias se confirman; y, por supuesto, no a todos les gustan. Salvo que algo realmente extraordinario suceda, la disputa inicial será por el pase a segunda vuelta. La discrepancia entre Keiko Fujimori y Castañeda Lossio sobre la absurda arremetida del JNE contra las encuestadoras, da cuenta de que ambos entendieron el mensaje. Mientras la hija del condenado criticó la medida —no por asuntos democráticos, sino porque está en segundo lugar—, el nada elocuente candidato de Solidaridad saltó de alegría tratando de tapar el sol con un dedo. ¿Qué vendrá luego? Pasará poco tiempo para ver. Pero el dilema es mayor. Si Keiko pasa a segunda vuelta, pierde contundentemente con Toledo; en cambio, si su rival es Castañeda, le complica más el panorama.

Alan García tendrá que decidir pronto. Ya no tiene tiempo ni otras opciones de las que colgarse. Su obsesión puede, a estas alturas, tener insospechadas manifestaciones. Ojo: al Presidente últimamente las cosas no le están saliendo bien.

 

Entrevista