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La protesta chilena y otros avatares

Crédito: Andina.pe

Más allá de si es una crisis del modelo neoliberal o una de crecimiento, no estoy seguro que seamos conscientes de la importancia que puede tener, en el futuro de toda la región, lo que viene ocurriendo en Chile. Hemos visto cómo una enorme manifestación de descontento puede obligar a cualquier gobierno a retroceder hasta límites insospechados y estoy seguro que otros se han percatado y pueden usarlo en el futuro con consecuencias insospechadas. 

Aunque es difícil afirmarlo, tajantemente, parece ser que el descontento se ha venido acumulando en el tiempo y en este aspecto estoy de acuerdo con lo afirmado por Rafael Roncagliolo, quien sostiene que las personas no comparan las cifras macroeconómicas de su país con otros, sino que más bien comparan su situación con la de sus vecinos y conciudadanos.

Creo que en la crítica que suele hacerse al llamado ‘neoliberalismo’ debería cambiarse al término ‘economicismo’ que es a lo que usualmente se refieren cuando hablan del primero. Como el término ‘neoliberal’, en algunos ambientes, tiene una connotación despectiva, la mayor parte de quienes se identifican con las ideas del economicismo austriaco (von Mises, Hayek y otros) han preferido refugiarse en uno más prestigiado que es ‘liberalismo’ al que han agregado el calificativo ‘economicista’. Se autodenominan ‘liberales economicistas’ y la verdad que la segunda palabra corresponde a sus ideas que tienden a mirar el mundo desde el lente de la economía que, sin percatarse, han heredado de Marx, uno de sus autores más criticados. En realidad, la Escuela austriaca nace criticando al socialismo totalitario y se desarrolla posteriormente a partir del enfrentamiento de Hayek con Keynes en el London School of Economics.      

Si bien es cierto que el liberalismo clásico tiene fundamentos filosóficos ampliamente desarrollados desde el propio Adam Smith, el llamado neoliberalismo, como acabo de señalar, está cargado de una perspectiva económica que con frecuencia deja de lado otras. Por eso es que Milton Friedman es uno de los oráculos de ese movimiento. 

Un filósofo importante que algunos consideran liberal, aunque sin la carga economicista, es Karl Popper, quien ha tenido profundas repercusiones con su crítica al historicismo en el que –como ha señalado Vargas Llosa (MVLL)– muestra un gran respeto por Marx, siendo más bien despectivo con Hegel. Aunque más que filósofo es un historiador de las ideas, Isaiah Berlin, también suele ser vinculado y considerado liberal. El nombrado MVLL ha incorporado a los franceses Raymond Aron y Francois Revel, quienes tampoco pueden ser considerados economicistas.

Regresando a nuestro tema habría que rescatar el otro ingrediente del liberalismo además del económico y es el político. Con mucha frecuencia los economicistas olvidan que el liberalismo no es sólo económico y que éste sin el político es como una mesa a la que le faltara no una sino dos patas. Algo lamentable es que, al auto considerar que los liberales son de derecha (en realidad pueden ser también de izquierda), en el grupo se cuela mucha gente que sólo usa el disfraz de ‘liberal’, pero en el fondo es mercantilista. Esas verdades recién se descubren cuando surgen situaciones en que defender al liberalismo afecta a quienes en realidad mandan –el Poder económico–, como ocurrió cuando se discutió la obligatoriedad de aportar a las AFP que, obviamente, es contraria a los principios liberales.

Creo que en la crítica que suele hacerse al llamado ‘neoliberalismo’ debería cambiarse al término ‘economicismo’ que es a lo que usualmente se refieren cuando hablan del primero.

 

El economista catalán Vicenç Navarro, residente en los Estados Unidos (EEUU), recuerda que entre los economistas más reconocidos de los críticos del neoliberalismo están Paul Krugman y Joseph Stiglitz, pero que hay otros que incluso los precedieron en sus análisis de la crisis del 2008 y que por estar más a la izquierda que ambos no tuvieron la visibilidad mediática que se merecían. Trabajan en el Center for Economic and Policy Research de Washington. Dean Baker, fue el primer economista que predijo la crisis financiera de EEUU, antes que Roubini, quien es considerado como el primero que predijo la crisis. En realidad fue Baker el que predijo los efectos devastadores que tendría la burbuja inmobiliaria. El segundo, Mark Weisbrot, fue uno de los pioneros en la crítica del neoliberalismo y el tercero, John Schmitt, ha sido el más activo en su análisis de los dogmas neoliberales (algunos de ellos sostenidos por Krugman en sus primeros escritos) en el mercado laboral. El fue el primero en criticar la tesis neoliberal que sostiene que el elevado desempleo se debe a la rigidez de los mercados laborales. Agrega que otro pensador que ha tenido una gran influencia en el análisis del contexto político del fenómeno económico es Jeff Faux, fundador del Economic Policy Institute, que en su libro The Global Class War, analizó las causas políticas de la crisis financiera y económica. Y, por otro lado, el que ha estudiado más el crecimiento de las desigualdades dentro del pensamiento crítico y su influencia en la génesis de la crisis ha sido Richard Wolff, profesor emérito del Departamento de Economía de la Universidad de Massachussets, quién señaló que las desigualdades en EEUU eran la bomba que haría estimular la crisis. El estudio de las desigualdades y su impacto en la crisis fue la mejor contribución de la economía crítica en EEUU basada en Paul  Sweezy, Harry Magdoff y John Kenneth Galbraith quienes no  recibieron el Premio Nobel debido a su actitud crítica del establishment académico.

En nuestro país muchos tienen la noción de que el gobierno y especialmente el Presidente son todopoderosos y puede solucionar todos los problemas, lo que  con el modelo imperante es cada vez más falso. Con la reducción del Estado el gobierno ha perdido poder y éste ha sido transferido al sector privado, especialmente, al poder económico y empresarial que está en capacidad de manipular al nombrado gobierno a través de una serie de mecanismos como son la presencia de personas afines en posiciones claves, para lo que cuentan con un aliado importante que son los medios de comunicación que de una u otra manera siguen sus órdenes, porque dependen del avisaje. El caso del gobierno de Humala fue paradigmático, lo arrinconaron dejándole poco margen de movimiento debido al temor que tenían por sus inclinaciones de izquierda. Como alguna vez he dicho, en nuestro país la derecha ‘pierde pero gobierna’. Las estructuras peruanas, en especial las limeñas son profundamente cortesanas y expertas en envolver a quien acceda al poder. Eso fue demostrado con Nadine Heredia. Por todo lo expuesto es que Vizcarra les resulta incómodo. No es parte de los grupos de poder y en general ha nombrado en los puestos de confianza a personas que tampoco son parte de las estructuras oligárquicas. Entonces la influencia del verdadero poder detrás del trono en el Perú se ha reducido considerablemente y como no está acostumbrado está pataleando y buscando una solución. Una de las formas es la del grupo de periodistas que obedece consignas simplemente por caerles simpáticos a sus patrones y ha criticado la disolución del Congreso tildándolo de ‘golpe’. En esto último, como he señalado en un artículo anterior, hay motivos ocultos que son frenar el proceso anticorrupción, para que varios implicados se libren antes de que aparezcan sus nombres o si ya están logren dilatar los procesos hasta que los delitos prescriban.   

El generalizado descontento de los pueblos con sus clases políticas ha emergido recientemente con fuerza en varios países de la región (Ecuador, Perú, Chile, Bolivia, Colombia, etc.), pero en realidad abarca al mundo entero y, como he dicho antes, con reiteración, tiene origen en la desconexión de los elegidos con sus electores, resultado de un modelo de democracia que nunca obligó a que los primeros cumplieran con sus promesas. A partir de una mal entendida democracia representativa en la que la liberación del mandato imperativo ha sido la regla y no la excepción, como correspondía, las autoridades elegidas han venido haciendo lo que convenía a sus intereses o a los grupos de poder que les pagaban (desde las campañas electorales hasta sobornos en la concesión de obras públicas o por la elaboración de leyes a su conveniencia) dejando los del país y la población en segundo plano, que eran atendidos sólo cuando ‘la calle’ lo exigía. 

Vale la pena recordar que  hay algunos temas en los que hemos sido seguidores del ‘exitoso’ modelo chileno. 

Para empezar tenemos el problema de la privatización de la educación que está siendo parcialmente enfrentado por medio de la SUNEDU en el plano universitario, pero que requiere de un apoyo sustantivo para lograr que la educación pública tenga el nivel de la privada o mejor aún que la supere y logre integrar a las diferentes clases sociales. Esto pasa por un incremento del presupuesto en el sector que, obviamente, requiere también de una eficiente planificación.

El segundo es el de las pensiones (AFP) que aunque ha evolucionado de manera diferente al chileno (posibilidad de retiro del 95.5% del fondo a los 65 años) en los dos países tiene los mismos problemas centrales: bajas pensiones de los más necesitados y altas comisiones de las administradoras. Creo que este caso tiene dos remedios inmediatos aunque no sé si definitivos: un porcentaje de aportes de los que más ganan como aporte de solidaridad a los que tienen sueldos más bajos que permita una pensión mínima. Al final este es un aporte por la estabilidad del sistema y del país que conviene a todos. El segundo es el de una comisión única por resultado –y que incluso pueda ser negativa– que obligue a las AFP a ser muy eficientes si quieren tener ganancias. Alguien me replicó alguna vez que no era conveniente porque las AFP tenían que hacer inversiones a largo plazo y que la comisión por resultado las volvía inmediatistas. Creo que las AFP también tendrían que apostar por el largo plazo en su rentabilidad y dejarles claro eso a sus accionistas. Si se lo piden a sus afiliados tendrían que dar el ejemplo.

El tercero es el de la EPS que en el fondo es parte de todo el modelo peruano de salud que por desgracia ha seguido el camino de los Estados Unidos en vez del Europeo que requiere de un mayor gasto público. Acá habría que empezar por obligar a las EPS a que cumplan con el artículo 2 de la ley 30562 y la siniestralidad y las primas sean iguales para todos, pero además habría que prohibir las primas por rango de edad, para que los jóvenes sostengan a los mayores. Es absurdo que los jubilados tengan que pagar primas casi inafrontables, mientras los jóvenes pagan montos mucho más pequeños. Así también los jóvenes van aportando para su vejez. 

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