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El cuarto poder

Desde los tiempos en que Edmund Burke, en el siglo XVIII, la bautizara como el “cuarto poder’, la influencia de la prensa ha aumentado de manera geométrica, y es perfectamente sostenible que se la considere como un poder del Estado.

La Asociación Civil Themis, de la Facultad de Derechode laPontificia Universidad Católica del Perú, organizó hace algún tiempo, con singular éxito, un seminario dedicado a este tema, en el que disertaron abogados, periodistas, comunicadores, etcétera, quienes ilustraron a los asistentes sobre un tema que está en el candelero hace mucho tiempo.

Concuerdo con Raúl Ferrero en que el poder de los medios es muy grande y muchas veces mayor que el de algunos de los poderes del Estado reconocidos como tales por las leyes y la Constitución. Sin embargo, fue interesante que Guido Lombardi hiciera notar que él no percibió ese poder desde ‘dentro’, es decir, mientras fue periodista. Tengo la impresión de que esto se debe a que este ‘cuarto poder’ no está constituido como tal y, en consecuencia, no es orgánico en el sentido de que no trabaja concertadamente y con objetivos comunes, salvo tal vez cuando se trata de defender a miembros del gremio o la libertad de expresión. En otras palabras, este ‘cuarto poder’ tiene la ventaja de estar regulado por el mercado en el que se fiscalizan unos a otros y el poder de uno solo no es tan grande. Ése es el principal argumento que sostiene la tesis de la autorregulación.

Tenemos que reconocer que los medios de información pueden tergiversar los hechos y las noticias de las formas más sutiles. Por ejemplo, no publicando alguna información o haciéndolo parcialmente, de tal manera que las cosas parezcan diferentes de lo que son. En cuanto a periodismo de opinión, también pueden publicar cierta línea de pensamiento, silenciando otra. Pueden, como se afirmó en el seminario, acusar, juzgar y condenar a alguien muchas veces de manera equivocada. La obligación de rectificar difícilmente repara el daño causado. He sido testigo de cómo a partir de los medios una persona honesta resultó ensuciada de tal manera que mucha gente se convenció de acusaciones que, me consta, eran falsas. Pero también es cierto que, a diferencia de los otros poderes, el ‘cuarto poder’ no puede hacer uso de la fuerza. La pregunta es, en realidad, si la necesita.

Los medios pueden acusar, juzgar y condenar a alguien, muchas veces de manera equivocada. La obligación de rectificar difícilmente repara el daño causado. 

En teoría, todos estos problemas son compensados porque existe la competencia, que permitirá que se traten desde todos los ángulos. Mas, ¿es esto verdad en los hechos? ¿No es más bien cierto que del árbol caído se hace leña y que hay mucha gente, en especial de las minorías, aunque también de las grandes mayorías, que no tienen acceso a los medios y que cuando lo consiguen se les publica parcialmente y de acuerdo con las conveniencias del momento o de la línea asumida? Queda la impresión de que son muy pocos los que tratan de ser plurales y buscan la verdad.
Otro problema es la concentración de poder. Hay medios que, por diferentes razones, tienen más poder que otros, y muchas veces pactan con el poder político o económico, ampliando sus capacidades y dejando poco o ningún espacio para réplicas u opiniones diferentes.

Pero los tiempos están cambiando y la Internet ha interferido en la estructura de las cosas; hoy, la existencia de blogs y otras formas de divulgación de noticias y opinión, incluidas las redes sociales, hacen pensar en una posible democratización. Sin embargo, es también cierto que son las grandes empresas vinculadas a la red las que tienen la sartén por el mango. Con todo, creo que ahora será más difícil manipular las opiniones, esconder los hechos o revelarlos parcialmente, porque esto será castigado por los propios usuarios, y la subsistencia de quienes no sigan patrones de ética mínimos será casi imposible. Incluso el poder de la publicidad será minado por los ‘reportes de los usuarios’ que existen por doquier en la web.

A pesar de todo lo descrito, me temo que por ahora lo más saludable es la autorregulación, porque un ‘Estatuto de prensa’ o algo similar sería peor que la enfermedad. La libertad de expresión es uno de los pilares de la democracia, y, aunque de manera imperfecta, colabora en la democratización. Creo que en lo que hay que trabajar es en evitar los monopolios y las concentraciones de poder.

Entrevista