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Los Pecados de Susana

Cero astucia política
Quizá el mayor “pecado” de Susana Villarán sea su falta de astucia política. Su más cara aspiración era convertirse en una figura política de nuevo cuño, transparente y formadora de ciudadanía, ideales hermosos pero distantes de una realidad harto distinta. En un país como el nuestro, donde camina mejor el político que mide cada paso evitando “pisar callos” para no sufrir el pisotón de retorno, se puede decir que nada más instalada en el Palacio Municipal, la alcaldesa y su equipo pusieron en la cabeza de sus enemigos políticos la idea de la revocatoria; y de ahí para adelante lo que han tenido ha sido un proceso de demolición en avance permanente.

Fiel a la palabra empeñada en campaña, tan pronto como pudo, como se recordará, el equipo de Susana Villarán publicó un informe sobre Comunicore que dejaba muy mal parado a su antecesor, justo en medio de una campaña en la que éste candidateaba a la presidencia de la república. El ex burgomaestre sintió que le recortaban las posibilidades de ganar las elecciones, que quizá solo él y acaso parte de su equipo imaginaban posible. Adicionalmente, pegarle al ex alcalde más popular de los últimos tiempos tiene un alto costo, y así resultó muy fácil cambiar el carisma que mostró Susana en su meteórica carrera hacia el municipio por el mote de vaga e incapaz, que sorprendentemente pegó con gran velocidad junto con cierta creciente irritación que provocaban los actos de la alcaldesa. Ya en ese momento la pregunta era: ¿Quién impulsa esta feroz arremetida?

Hasta hace una semana hubiera sido riesgoso decir que fue Castañeda el verdadero impulsor de la revocatoria: había evitado involucrarse reiteradamente, lo negó tantas veces como pudo, sin importar que hubiera demasiados indicios que lo hacían percibir como el titiritero manejando desde la oscuridad las cuerdas de las marionetas de esta extrañísima campaña por la revocatoria.

Lo que se vio a lo largo de ésta fue a diversos actores secundarios tratando de cumplir su rol, negando a medias la vinculación de Castañeda y a un lenguaraz portavoz como Gutiérrez en un sinfín de metidas de pata que, oh sorpresa, parecían no hacer mella en el imparable “Sí”.

En los últimos días, finalmente, junto con una audaz campaña por el “No”, la intención de voto fue volteada por una grabación en la que se oye al ex alcalde Castañeda Lossio coordinar junto a su entorno la campaña por el “Sí”. Lo que era un secreto a voces quedó confirmado: Castañeda quería sacar a Susana Villarán de la alcaldía, ¿para vengarse por la presentación del informe Comunicore?, ¿para neutralizar el caso, que sigue dándole dolores de cabeza?, ¿para volver al Municipio como alcalde? ¿La historia habría sido diferente si Villarán no se hubiera dedicado a sacarle los trapitos al aire?

Ser consecuente o morir en el intento
Otro “pecado” de la alcaldesa de Lima es su extrema consecuencia, sometida al complejísimo sistema de la administración pública. La lentitud para cristalizar proyectos tantas veces criticada se da, en mucho, a causa de los extremadamente largos e intrincados procedimientos del sector público, que tuvieron correlato en la decisión de la alcaldesa de esperar pacientemente que sigan su curso regular sin reparar en que tal demora colisiona con las urgencias de una elefantiásica Lima que, en casos como el de los puentes, por ejemplo, se cae a pedazos literalmente.

Esta Lima que requiere obras o programas como la reforma del transporte que está haciendo, pero a paso redoblado, que nos libre a quienes la transitamos de horas y horas en medio de atoros insalvables.

Los alcaldes antecesores habían encontrado ya mecanismos alternativos para apresurar las obras sin meterse necesariamente en problemas que colisionaran con la transparencia y sin que signifiquen obviamente hacer contratos “fantasma”. Susana Villarán, en cambio, prometió en campaña que cada una de sus acciones sería sometida a la Contraloría; y cumplir su palabra le ha significado hasta ahora hacerla ver como poco eficiente en la gestión de la ciudad, y esto fue un exquisito caldo de cultivo aprovechado por los revocadores. Quizá ahora, después de tan ingrata experiencia, y olvidados los agravios de que fue objeto, encuentre la fórmula para darle a Lima las obras y programas que requiere esta ciudad que sigue creciendo a ritmo desafiante y necesita una agenda de realizaciones que baile al mismo ritmo de la urbe. 

La izquierda como bandera
Lima no ha sido tradicionalmente una plaza de la izquierda, se sabe; como se sabe que Susana Villarán ganó la alcaldía de Lima a despecho de su filiación zurda y por una circunstancia que la favoreció como candidata. Adicionalmente, para una gran cantidad de limeños el alcalde o la alcaldesa están en el deber de “gerenciar” la ciudad antes que “dedicarse a hacer política”, como se lo han dicho mil veces.

Ése es, podríamos decir, otro de los “pecados” de Susana: sentirse abanderada de la recuperación de la izquierda y querer hacer pedagogía política, cuando la mayoría de limeños quisiera más bien olvidar su procedencia y verla inaugurando obras.

Levantar la bandera de la izquierda le ha costado a la alcaldesa el rechazo virulento de los sectores más conservadores de esta todavía cortesana Lima, lo que ha impedido un manejo más armonioso y ha provocado, innecesariamente, la aparición de un escenario confrontativo. Por otro lado, con sinceridad, la izquierda que no ha mostrado renovación todavía no se ganó un lugar en Lima; no se trató de un triunfo partidario: quien ganó la elección a punta de mostrar garra y carisma fue Susana, a quien los limeños han exigido mucho y exigirán más en este segundo tiempo.

Algo que debe de haber dolido en el alma a la alcaldesa es ver, hasta hace poco más de una semana, a mujeres de barrios pobres, a quienes privilegia en sus esfuerzos, gritándole consignas de repudio. Entendiendo “las razones” del paquete de fideos o los 10 soles que les entregaban como pago los revocadores, se habrá dado cuenta de que el camino es más largo y pedregoso de lo que ella imaginaba, y que no se puede hacer pedagogía política cuando se tiene tan escasa aprobación a cuestas.

Ojalá la alcaldesa encuentre una manera más provechosa de relacionarse con Lima, que le permita dejar en el pasado cierta irritación que provocaba en una parte de la población, impulsada por los enemigos que querían su desaparición política. Por el bien de Lima, ojalá que quienes han mostrado nobleza política en esta lucha contra la revocatoria sean consecuentes y no asfixien a la alcaldesa ni a Lima con exageradas exigencias.

Quizá sea hora de hacer política ciudadana de manera más sutil, sin restregarle en la cara a nadie ninguna posición política y más bien guardando las banderas partidarias para enarbolar una sola, la de Lima, que nos una como ciudadanos de esta milenaria capital que necesita de la preocupación sincera de todos quienes la habitamos.