Cineplanets, 3D con lentes

Cineplanets, 3D con lentes

Ideele Revista Nº 200

Lo que ha primado en las dos últimas décadas en relación con esta industria-arte son las nuevas tecnologías (animación digital, 3D, el DVD), la aparición de los multicines cuyo diseño de salas múltiples con estética gringa ha sido reproducido en provincias, la competencia de la proyección casera en DVD y, por supuesto, no podemos dejar de mencionar la aparición del Block 18 en Polvos Azules. Más allá de eso, la historia cinematográfica sigue su curso con nuevos directores que están dejando huella, un monstruo asiático que saca las garras y un cine latinoamericano que empieza a hacerse visible en algunos festivales.

Retroceder 20 años en el tiempo es pasar de rebobinar el VHS con forma de ladrillo a presionar rewind en el control del DVD a una velocidad variable de 2, 64 o 120. Es recordar el silencio monástico durante las proyecciones sin el ring tone de algún celular o el nefasto cranch de la canchita que ya se ha vuelto parte del ritual cinematográfico de las últimas décadas.

Los años 1990 y 2000 me recuerdan a un Travolta regordete o a Uma Thurman cantando a voz en cuello Girl you’ll be a woman soon. Son los años en los que aparece un Tarantino rompiendo el lenguaje cinematográfico, se posiciona Eastwood como uno de los grandes, y perturba Haneke con su violencia contenida. Es decir, la calidad se mantiene a pesar de lo aplastante que fue, es y seguirá siendo la industria estadounidense, que se inmiscuye inmisericorde hasta para exportarnos ese hábito del pop corn tamaño king size que parece hecho especialmente para saciar el hambre de Schwarzenegger.

En los 80, encontrar una película fuera del circuito comercial significaba echárselas a buscar en unas cuantas tienditas semiclandestinas que alquilaban copias de dudosa calidad que torturaban mi infalible vista de entonces. Por eso sería hipócrita negar que, a mediados de los 90, era una usuaria semiadicta de la cadena Blockbuster, que causó sensación en Lima alquilando sus toscos VHS y luego sus DVD a precios de primer mundo (felizmente sus ofertas de 2x1 nos hacían sentir un poco menos misios), y sus buzones en la parte exterior que permitían devolver la película a cualquier hora, me aliviaban la vida. Pero mi éxtasis cinéfilo fue insuperable cuando a principios del nuevo siglo aparecieron unos cuantos quioscos especializados en cine del bueno, en el reubicado mercado de Polvos Azules. Sin remordimiento debo confesar que no sentí la menor tristeza cuando me enteré de que fue en este paisito tercermundista donde Blockbuster sufrió su primer KO. Dos fueron los componentes que tumbaron al monstruo: el precio de las películas y la oferta pirata que supera cualquier expectativa (cine clásico, independiente, europeo, asiático, underground, documental, grunge; pida usted lo que quiera).

Al placer pecaminoso de la piratería han sucumbido hasta los más respetables críticos del medio, y el Block 18 de Polvos Azules forma parte del tour obligado de todos los cineastas extranjeros que vienen al Festival de Lima.
Tampoco me parece un sacrilegio reconocer que algunas veces prefiero esa visión casera desde mi cama en un LCD High Definition (o ahora —para el que puede— en un LED Full HD con 3D), que trasladarme al multicine más cercano. No pretendo defender aparatos ni marcas, pero me parece que tienen mejor resolución que la de mi ex armatoste analógico. ¿O será la pantalla grande y plana la que me produce esa sensación?Es a esta competencia a la que se ha tenido que enfrentar la industria que, en los años 2000, arremetió al estilo Stars Wars, con sus multicines con dolby surround sound, que en simple castellano significa sonido envolvente en tres dimensiones y efectos sonoros retumbantes. Estas novedades la han salvado del colapso, haciendo que una cantidad respetable de público vuelva a refugiarse en los espacios oscuros y apueste por las pantallas realmente gigantes.

Los años 2000 son los de los grandes cambios tecnológicos, y el cine no es ajeno a ello. ¿Y si, para variar, ando tan despistada que no me doy cuenta de que ocurre algo tan innovador como en 1895, cuando los aterrorizados espectadores del Salon Indien del Gran Café de París comprendieron que el tren que veían en el ecran no se descarrilaría y los atropellaría?

Está cambiando el proceso de producción de las películas con las nuevas modalidades de registro audiovisual y electrónico. Los softwares de animación en dos dimensiones crean personajes perfectos como ese ser deforme, niño-viejo, casi enano, de una palidez enfermiza y venas traslúcidas, con postura de simio, enormes pies y seis largas greñas llamado Gollum, de El Señor de los Anillos.

You Tube ha modificado la forma de ver (dónde, cómo, cuándo y cuánto), y las exigencias sobre estándares de calidad de la imagen son más bien bajetonas, lo que permite que sean transferidas en tiempo real sin que se atoren. En ese sitio web se cuelgan 65 mil videos diarios: una gama de productos audiovisuales para todos los gustos, necesidades y deseos.

Al placer pecaminoso de la piratería han sucumbido hasta los más respetables críticos del medio.

Es frecuente, sin embargo, ver que frente a la precariedad de gestión ofrecida por nuestros representantes políticos en el sistema democrático, una y otra vez se reclamen gobiernos dictatoriales, pidiendo “una mano fuerte que acabe con los corruptos”. 

Salvando distancias, es como cuando una estructura de personalidad precaria apela a la omnipotencia o al delirio para compensarse. Es conmovedor comprobar, una y otra vez, cómo la necesidad de poder anula la creatividad y empobrece al sujeto (o al sistema). El punto de partida es un desarreglo en el eje hipotálamo-hipófisis-adrenal, nuestro sistema más primario de alerta y defensa ante el peligro. El problema se traduce en que al emplear la estrategia de control omnipotente, se estabilizan las pautas de equilibrio a partir del desequilibrio, lo que garantiza un colapso final.

“Todo pueblo tiene el Gobierno que se merece”, dice una sentencia. En realidad, los gobernantes solo reflejan la realidad de los gobernados. En tal sentido, tendríamos que examinar, a través de los gobernantes, de lo que ellos reflejan, la realidad social en la que han crecido y que les ha permitido llegar al lugar que actualmente ocupan.

En ese sentido, más de un estudio del imaginario popular muestra que un porcentaje mayoritario de la población es permisivo con la transgresión y el no respeto a las normas. Solemos escuchar cosas como “Que robe, pero que haga obra”. Quienes se expresan así son probablemente los mismos que no respetan la luz roja o no hacen honor a la palabra empeñada.

A la situación general se suma un supracontexto, el de una economía globalizada, que tiende a borrar las líneas de cohesión social; que funciona de manera desbordada por su afán desmedido de riqueza y de poder; que deshumaniza la razón de la economía y suele actuar con frialdad a la hora de jugar por sus intereses. Son los gobiernos paralelos de las transnacionales, que desdibujan con su poder el sentido en que deben orientarse los gobiernos.

La corrupción de funcionarios, el juego de los lobbies, el transfuguismo, la ambición desmedida, las tentaciones o amenazas con que se manejan los arreglos, dejan pronto a distancia la propuesta de servicio que quizá anidó en algunos de nuestros representantes. Unos pocos se desgastan en un esfuerzo, pocas veces recompensado, de poner coto a tal situación.

Desde estos comentarios, debemos decir que el mayor problema psicopatológico de nuestros políticos proviene, en realidad, de la psicopatización social, de una estructura de valores que ha perdido la brújula de la perspectiva social.

Veamos lo que se entiende por psicopatía: en principio, es la insensibilidad, la falta de empatía que, más que nada, enraíza en la búsqueda de la realización hedonista. Es el egocentrismo y ausencia de culpa o responsabilidad por las propias acciones (¡nunca tienen la culpa de nada!). Es la mentira patológica (¡nada los detiene en función de obtener lo que quieren!). Es la mala fe al actuar, a trasmano de la buena fe a la que aparentemente apelan. Es el conocimiento de manera inteligente de las debilidades y necesidades del otro para explotarlas en su propio beneficio. Es el uso hábil de un aceitado encanto seductor, que los muestra poco menos que con un aura de santidad.

En su historial, los psicópatas muestran reiteradas transgresiones a la ley. En un sentido correctivo, no aprenden ni de las sanciones a las que puedan haber sido sometidos ni de la experiencia. No hay un arrepentimiento verdadero. Esto se expresa en la actividad política a través de un sorprendente culto al dinero, la compra de conciencias, el manejo corrupto del poder y de la ley, que involucra a tantos personajes, no todos confesamente políticos, ciertamente.

El funcionamiento del colectivo político está corroído por un funcionamiento lamentablemente parecido a la dinámica de la omertá, que son las leyes propias de la mafia. “Te tapo esto y tú me otorgas aquello. Si faltas a esta ley, si osas fallar a la hermandad, te lapidamos” (otorongo no come otorongo...).

Al examinar las imágenes cerebrales de estos personajes (tomografía por emisión de positrones), cuando son expuestos experimentalmente a situaciones de crueldad extrema a través de videos, se demuestra que aquellas estructuras relacionadas con el temor (la amígdala, la corteza órbito-frontal, la ínsula, y el cingulado anterior) casi no muestran ninguna actividad. Esto puede ayudarnos a entender la falta de emoción, que es un aspecto esencial de ser un psicópata y su imposibilidad de aprender a través de las consecuencias de sus actos.

A esta condición de resquebrajamiento de los valores sociales contribuye un hecho gravoso al que no le estamos prestando atención. Las madres, absorbidas por el sistema, atienden cada vez menos tiempo a sus bebés. Diferentes estudios han demostrado que el desarrollo del cerebro infantil —y en particular los centros cerebrales relacionados con la capacidad empática y los potenciales para la relación social— sufre con la ausencia de la estimulación interactiva temprana con la madre, el maltrato físico o psicológico, la desnutrición y las enfermedades infecciosas recurrentes. Esto deviene a futuro pautas de relación que se conocen como “evitativas”.En el mejor de los casos, los niños y futuros adultos se compensan desarrollando talentos o fortalezas para alejar el fantasma de vacío emocional que arrastran desde la infancia. Este es, en realidad, el germen del futuro individualismo. Por eso su avidez y su codicia no tienen límites: nunca pueden llenar el vacío original. Su memoria inconsciente no se llena con las compensaciones materiales.

Para revertir esta situación, se podrían desarrollar campañas destinadas a que la madre tenga mayor disponibilidad de tiempo para acompañar a su hijo, que tome conciencia de que, más allá de acompañarlo, es necesario que se contacte con él de las distintas formas en que es posible hacerlo: con la mirada, los gestos, el contacto físico, las caricias, los juegos en general. Es eso lo que su hijo necesita para activar su cerebro emocional (y social). Por ejemplo, las mujeres de nuestra sierra miran poco a sus hijos, juegan poco con ellos, prefieren adormilarlos, cargándolos a su espalda. En otros sectores, los bebés son encargados a terceros (a las “nanas”), y muchas veces van pasando de mano en mano sin poder establecer vínculos duraderos y saludables. Los resultados los vemos más tarde a escala social.

La garantía de una resonancia social saludable depende, más de lo que imaginamos, del diseño neurofisiológico resultante del buen vínculo entre la madre y el bebé. Un tema imprescindible, entonces, es el de la prevención, fundamentalmente la promoción de la relación saludable entre la madre y su hijo desde el inicio de la vida, del apego seguro. Se sabe que los tres primeros años son cruciales para el desarrollo futuro del ser humano.

Emilio Bustamante y Sebastián Pimentel son dos críticos agudos, polémicos, originales e implacables cuando se trata de defender sus opiniones sobre las cinematografías y sus creadores. Bustamante se afianza en los 90 y Pimentel surge en el 2000.

Dos críticos de cine, dos décadas, dos miradas 

¿Qué novedades trajo la industria en los últimos 20 años?

EB: Hollywood domina el mundo luego de una crisis en los años 60 y 70, con el surgimiento del cine moderno europeo (la Nueva Ola, Bergman, Antonioni) y la crisis de los grandes estudios. En las dos décadas han emergido otras cinematografías como la asíatica: china, japonesa, coreana e iraní.SP: En las últimas dos décadas, el esplendor del cine asiático. Es una industria que produce muchas películas comerciales y de autor. Por ejemplo, Corea del Sur ya está compitiendo con Hollywood. Para mí, es el mejor cine que se hace. Está también el desarrollo hegemónico del cine estadounidense, pero con grandes directores como Tarantino. Más bien, veo con suspicacia al cine independiente de ese país, que se ha vuelto indulgente con sus propios vicios.

¿Qué ha ocurrido en Latinoamérica?

EB: En Latinoamérica el gran fenómeno de estas décadas es Argentina. Ahí hay tradición y enseñanza de cine. Específicamente en el Perú, la década del momento empieza con cortometrajistas muy prometedores como Cabada y Salvini. La derogatoria de la ley 19327, en el año 1992, ahoga este impulso y muchos directores desaparecen.SP: Hay cineastas que intentan hacer un cine diferente y que tienen influencia del cine moderno europeo, como los mejicanos Julián Hernández y Carlos Reygadas, marcados por Robert Bresson. El cine argentino es interesante y el chileno está destacando. Me apena el cine brasileño, que, con películas efectistas tipo Ciudad de Dios, explotan la miseria.

¿Cómo influyen las nuevas tecnologías en el cine?

EB: La gran novedad es el cine digital y la posibilidad de hacer cine con una cámara mucho más barata y editando en una PC. La Internet permite abrir nuevos circuitos de distribución y establecer contactos para los festivales.SP: Con los softwares de edición se puede hacer todo tipo de efectos. Esto ha creado una nueva era en el cine fantástico y de superhéroes estadounidense. El Hombre Araña de Sam Reymi o el Batman de Nolan son una muestra de ello.

¿Y la gran novedad: el cine en 3D?

EB: En los años 1930 se hicieron hologramas, ya hubo entonces exhibiciones de cine en 3D. Ver películas desde todos los ángulos ha sido siempre una aspiración del cine. El teórico del cine André Bazin escribió en los años 50 del siglo pasado sobre el cine total que reemplazará a la realidad: un cine en tres dimensiones pero sin cortes. Y es cierto: cuando hay cortes se nota menos el 3D. Para mí, en Avatar la imagen es más atractiva cuando no hay cortes.

¿Qué opinas del consumo cinematográfico vía DVD y de Polvos Azules?

SP: El DVD crea una cultura de consumo personalizado. Además, ya no hay nada que no se pueda ver. Ahora podemos ver el mejor cine del mundo. La piratería contribuye a democratizar el acceso al cine.

¿Algunas películas, actores o directores memorables de estas dos décadas?

EB: Peruanas: Bajo la piel de Lombardi, Días de Santiago de Josué Méndez, La teta asustada de Claudia Llosa y Paraíso de Héctor Gálvez. ¿Un actor? Sean Penn, aunque empieza en los 80.SP: El director tailandés Apichatpong Weerasethakul, que acaba de ganar la Palma de Oro en Cannes, o el taiwanés Tsai Ming Liang. Una película estadounidense que se me viene a la mente: Petróleo sangriento, de Thomas Anderson.

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