Crisis y oportunidad

Ideele Revista Nº 278

Foto: Trome.

Suele decirse –y es verdad– que las crisis son también oportunidades. La que estamos viviendo podría ser la que las circunstancias le brindan a Martín Vizcarra, quien salvo por el tema de Chincheros, no está contaminado con la corrupción de la clase política que ha resultado de que se levantara la alfombra de Odebrecht.

Aunque un sector prefiere no reconocerlo, Kuczynski ha terminado por lo mismo que él creyó que lo salvaba: el indulto. Como bien diagnosticó en su momento su abogado, Alberto Borea, no habría habido segundo pedido de vacancia si no hubiera indultado a Fujimori. En verdad, tampoco si no lo hubiera hecho, porque lo hubieran vacado a la primera, pero sin duda habría quedado mucho mejor. ‘Todos somos generales después de la batalla’. El lado positivo es que en el fondo se ha obligado a renunciar a un presidente por incumplir una de sus promesas electorales, ciertamente una muy importante, por lo menos para un sector de la población. Es la primera vez en nuestra historia que sancionamos un incumplimiento. Hegel tenía razón, las ideas penetran, y la de que los gobiernos tienen la obligación de cumplir con lo que ofrecieron ha calado y hoy buena parte del electorado entiende que tiene el derecho de exigirlo.

El fujimorismo está muy debilitado. Aunque Keiko pueda ufanarse de haber derrotado a Kenji, ya no tiene mayoría absoluta en el Congreso, su relación con el escándalo Lava Jato y la conducta de su bancada con el gobierno de Kuczynski la ha afectado y su popularidad, así como la del Congreso, se ha reducido significativamente. Si quiere tener opciones para las próximas elecciones va a tener que hilar muy fino en los próximos años. Además, terminar con el gobierno de Vizcarra precipitando nuevas elecciones puede darle más de una sorpresa. Es más probable que un outsider fuera el ganador. No creo –como piensan algunos– que la izquierda tuviera una oportunidad. Su falta de ‘aggiornamento’, absurda defensa de Maduro, división y torpeza le han restado posibilidades en el corto plazo. Esperemos que aprendan: una izquierda moderna es tan necesaria en nuestro país como un partido liberal que entienda que sus verdaderos enemigos son el mercantilismo y conservadurismo.

Sin embargo, hay que reconocer que la de Vizcarra no será tarea fácil, porque no dejan de tener razón los que reclaman ‘que se vayan todos’. El desencanto, más aún la indignación, es generalizada, pero nuestra Constitución tiene establecido un camino que en mi opinión debe respetarse si deseamos preservar las instituciones, que a estas alturas ya están muy dañadas. En principio, entonces, Vizcarra debe gobernar hasta el 2021 y todos deberíamos tratar de que tal cosa sea posible. Empero, insisto, esto será difícil, pues la corrupción imperante en la política ha alejado a los más preparados, nadie quiere salir embarrado. La primera tarea, en consecuencia, es lograr que lo mejor de nuestra sociedad civil se comprometa y acepte asumir responsabilidades públicas, para lo que es necesario darle ciertas garantías. En otros países (Colombia, por ejemplo), como nadie estaba dispuesto a aceptar cargos oficiales, el gobierno contrató pólizas de seguro (similares a las que en el sector privado se conocen como D & O - Directors & Officers) que cubren la responsabilidad civil de los directores y funcionarios por los errores que puedan cometer en el desempeño de sus funciones e incluyen también los costos de defensa legal en procesos civiles y penales. Por supuesto que estas pólizas no cubren los actos dolosos, ni la culpa grave. Considero que esta herramienta puede facilitar que algunos profesionales de alto nivel acepten el encargo, ya que los alivia de los problemas posteriores. Muchos exministros y exfuncionarios se quejan de los innumerables juicios y procesos que tuvieron que enfrentar cuando dejaron el cargo.

Si hay algún consejo que me atrevo a darle al nuevo presidente es que fije objetivos claros (si es posible los que fueron parte del Plan de Gobierno) y salga él mismo a venderlos para involucrar a la población. También a los partidos políticos e integrantes del Congreso, aunque lo primero es más importante. Que las metas sean las mismas con las que se ganaron las elecciones le dará legitimidad frente a sus críticos. Tener muy claro el norte (los objetivos) evitará pasarse el período de gobierno apagando incendios, como le ocurrió a Humala. Contra la percepción general se es más libre escogiendo metas y luego tratando de conseguirlas que dejándose las manos libres para actuar. Se termina sometido a la coyuntura y a las circunstancias. Tener muy claro a dónde llegar, fijándose plazos, ordena la casa y siempre es posible reclamar apoyo, porque la elección lo legitimó. Sería ideal tener personas responsables de cada una de las metas que reporten los avances a través del tiempo.

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