La larga noche de la educación policial

La larga noche de la educación policial

César Bazán Seminario Ex coordinador del Área de Seguridad Ciudadana del Instituto de Defensa Legal
Ideele Revista Nº 245

(Foto: La República)

Ernesto de la Jara y yo, junto con un grupo de profesionales del IDL, ejecutamos una investigación financiada por la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP) a través de su Dirección de Gestión de la Investigación (DGI). Esta investigación apuntó a analizar cómo está incorporada la perspectiva de derechos humanos y policía comunitaria en el Plan de estudios de la Escuela de Oficiales de la Policía Nacional del Perú (EO-PNP). Sin embargo camino a ese objetivo fuimos encontrando sombras, oscuridades en un territorio que debía tener la mayor atención de la sociedad, porque en las aulas y patios de la EO-PNP se forman los cadetes que dentro de unos años estarán en las calles, portando un arma y dedicándose a procurarle a la ciudadanía la seguridad que necesita. Gran parte de la vigencia del Estado de Derecho se juega en los cinco años que los cadetes pasarán en ese centro de formación, en la correcta instrucción que ellos reciban o dejen de recibir.

La educación policial, estudiada desde la Escuela de Oficiales, está transitando por una larga noche, cuyos inicios no hemos podido identificar en esta investigación, aunque sabemos que se remonta a más de una década atrás.

Probablemente la larga crisis de la educación policial esté relacionada con dos fenómenos que han avanzado paralelamente durante el siglo XX. Por un lado, el franco deterioro de la educación pública universitaria en el Perú y en América Latina. Cada vez más, los gobiernos americanos han dejado de invertir en la formación universitaria para dedicar sus escasos recursos a cuestiones menos rentables a largo plazo o simplemente han desviado fondos para engrosar fortunas mal habidas. Y, por otro lado, la crisis en la que está sumergida nuestra Policía Nacional del Perú, también desde hace varios años, decaimiento que se profundizó en los noventas por manipulación fujimorista de la policía y las consecuencias del conflicto armado interno.

Corresponderá a otros estudios analizar la relación entre estos tres fenómenos. Lo cierto es que la crisis de la educación policial impacta en la calidad de los policías que conforman la institución. Con lo cual se crea un círculo vicioso. Los policías egresados del un sistema educativo deficiente serán, a la larga, los encargados de formar a las siguientes generaciones, replicando las deficiencias adquiridas en su proceso. Por eso, cualquier proceso de mejoramiento y modernización de la educación policial (o como se llame) debe contar con los oficiales más destacados, aquellos que han logrado escapar y se han desarrollado tomando en cuenta los valores que la institución les supo dar deficientemente.

El componente humano es esencial para generar un cambio. Por eso es clave una reingeniería que, pasando por las autoridades del sistema educativo, avance hacia los docentes, instructores y se detenga en los cadetes. El respeto de derechos debe ser una idea fuerza que guíe ese proceso. Recordemos que el tolerar el maltrato cometido contra un cadete o docente tendrá consecuencias nefastas en la educación, pues se aprenderá que maltratar está permitido y eso se aplicará después en la sociedad. Los derechos y la relación con la sociedad deben ser dos elementos siempre presentes en esta reflexión.

Esto último se debe reflejar en el Plan de estudios. Actualmente el Plan de estudios y los sílabos no están pensados en clave de derechos humanos, ni en clave de policía comunitaria. Si el respeto de derechos y la relación con la comunidad son clave, ambas perspectivas deben incorporarse de manera transversal en la currícula. No solo en un curso que se dicta mal y nunca se termina, sino que debe aparecer siempre que sea posible, de diversas maneras, pero sobre todo a través de situaciones reales o hipotéticas, puesto que la práctica será el día a día del oficial.

La educación policial debe tratarse como a una isla dentro de la institución policial, una luz de excelencia, donde la corrupción y la mediocridad de otras direcciones no logra colocar su sombra. Por el contrario, luego de un proceso de cambio la Escuela y la educación policial deben proyectar hacia el resto de la institución la claridad que se espera de un centro de reflexión, formación, crítica, investigación, con nivel universitario. En la EO-PNP y en la Dirección Ejecutiva de Educación y Doctrina se deben estar pensando y repensando constantemente el ser policial, su papel en la PNP no debe ser otro que formar policías y producir conocimiento útil para el progreso de la institución.

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IDEELE debe publicar, difundir los Planes de estudios de la Escuela Nacional de Formación Profesional Policial de la PNP.para conocimiento, análisis y sugerencias,

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