La vuvuzela de la esperanza

La vuvuzela de la esperanza

Ideele Revista Nº 200

Los noventa traen consigo el fin del jogo bonito y su reemplazo por un fútbol más práctico y moderno, el super negocio de las marcas en los mundiale y la debacle de Maradona. El triunfo esquizofrénico de España cierra la década. 

Italia 90 fue un hito en la historia de los mundiales. Se trató del más malo de la historia, a entender de los intendentes del fútbol. Veinte años después, el Mundial de Sudáfrica parecía superarlo. Un torneo de fútbol en el que las estrellas de primera ronda fueron las vuvuzelas y el único invicto fue un pulpo que jugó en el campo de las ciencias ocultas.

Pero algo fue cambiando con el pasar de las pelotas. Brasil, el favorito perpetuo, no llegó a la final, pero un practicante de su fútbol campeonó. España, con más toque que furia, reivindicó algo que solo escuchábamos a nuestros abuelitos: que la mejor defensa es el ataque (a pesar de la terquedad de los arcos). Una proclama proscrita desde 1990.

Rebobinemos, por favor: lo que sucedió en Italia se veía venir hacía mucho tiempo. El fracaso de las selecciones que practicaban el jogo bonito y, específicamente, de los dueños de la patente, Brasil, hizo que replantearan su esquema de juego. La retaguardia nunca fue su punto fuerte, pero persistir solo en la estética lo hacía cada vez más vulnerable a un juego más veloz y efectivo.

El trauma de la descalificación de España 82 por nada menos que Italia (su antagonista estratégico) les duró largo y fue vital para su replanteo. El arquero Waldir Peres fue el personaje menos favorito durante años para la Torcida. Signo de que los tiempos cambiaron es que actualmente un arquero, Julio César, es la figura principal del Scratch.

El bossa nova de ParreiraLlegó el Mundial de 1994 y los cariocas de nuevo y viejo cuño reclamaban un campeonato. Un señor llamado Carlos Alberto Parreira tomó el mando y, a pesar del lógico recelo, Brasil empezó a soldar sus líneas defensivas y el contraataque fue un verbo que empezaron a conjugar con su jogo tradicional. La entrañable samba debieron matizarla con un poco de bossa nova.
Brasil ganó el título, a pesar de las críticas de los añorantes que preferían la pausa a la prisa y el quiebre y la llevadita a la “pelota parada”. Pero no había vuelta atrás: persistieron hasta hoy con un esquema que les ha dado buenos resultados.

Eduardo Malásquez, ex futbolista peruano (una de las últimas glorias del Muni) y actual comentarista deportivo, considera que la variación que hizo Brasil fue indispensable. Cuidadito, no significa que sea defensivo:“Parreira lleva a Brasil a hacer ese fútbol más práctico y moderno; incorpora mucha marca, pero respetando los criterios futbolísticos de jugadores como Romario y Bebeto, que mantenían el ingenio. En las otras líneas incluye a jugadores con una predisposición física diferente, con más temperamento, carácter, garra y ganas, como Dunga y Mauro Silva. Yo no hablo de fútbol defensivo, sino con elementos más modernos”.Además, la cabra siempre tira pal monte. Así Brasil se plantee un esquema defensivo, no puede con su genio y sale al ataque. Otras veces no pueden con sus genios, o sus genios no pueden, como sucedió hace tantito.

La herencia de ItaliaLos mundiales posteriores a los del 90 no hicieron sombra a la sombra que dejó éste, pero marcaron una pauta. Los equipos se esforzaron por ser más efectivos pero con la consigna predominante de defender. Tal fue el ‘efecto Italia’, que en la FIFA decidieron establecer el puntaje de tres para el equipo ganador con el fin de incentivar la búsqueda del gol.
Lo que por el contrario no ha cambiado con el transcurso del tiempo es el concurso de figuras y figurines. El fútbol ha dejado de ser solo un excelente proveedor de páginas deportivas para serlo también de espectáculos y policiales. Sudáfrica no fue la excepción, y el mundo llegó al continente africano recargado de protagonistas. Muchos de ellos no llegaron a actores de reparto: Cristiano Ronaldo, Kaká, Rooney o Ribéry. Quien sí fue un excelente repartidor fue Messi, pero no convirtió ni uno.

Tampoco es que los jugadores Kaká o anteriormente Ronaldiño hayan jugado pésimo. Sucede que en el fútbol la tecnología que más se ha desarrollado es la de la marca. Como que ya no existe espacio para las creaciones heroicas. Si bien el codiciado 10 fue sepultado en el 94, con la caída de uno de sus mejores intérpretes, ¿debemos acostumbrarnos acaso a que ya no existan figuras de la estirpe maradoniana? El Pulpo Paul tiene la palabra.

El fútbol ha dejado de ser solo un excelente proveedor de páginas deportivas para serlo también de espectáculos y policiales. Sudáfrica no fue la excepción, y el mundo llegó al continente africano recargado de protagonistas.

A lo que sí debemos acostumbramos es a que la clásica diferenciación de los volantes es cada vez más tenue y los tiempos modernos exigen cada vez más mediocampistas que ataquen y defiendan casi con la misma eficiencia. Así tenemos a Iniesta y Xavi Hernández, o, para ser más didácticos, a nuestro Patito Quinteros.

Este Mundial llegó precedido de una serie de nombres que debían demostrar en un mundial lo grandes que son en sus equipos. Era la prueba de fuego. Podemos comparar las genialidades de Messi en el Barza con las del Diego en el Nápoles o las de Pelé en el Cosmos. Pero la verdadera consagración es en el Mundial. La cuestión es la compañía, dicen; por algo se llama equipo, subrayan. Ésa es, justamente, la diferencia entre una excelente figura y un genio. Maradona lo hizo casi solito.

Árbitros y arbitrariedadesHasta ahí las certezas. El debate que nos dejó Sudáfrica es la tecnología. Los constantes errores arbitrales tocaron fondo el 2010. Siempre habían sido un problema, pero ahora se agudizan porque se tiene toda la tecnología adecuada para dilucidar cualquier situación confusa. Hasta el Presidente de la FIFA tuvo que salir a decir que iban a considerar la posibilidad. Algunos no le creen y piensan que lo dijo solo para ponerle paños fríos a la situación. 

El uso de la tecnología implica que pueda conocerse con seguridad si una pelota entró o no en el arco, o si un jugador estuvo en posición adelantada al marcar un gol. Todo eso en cuestión de segundos.

Phillip Butters es un convencido de la urgencia de este tipo de recursos: “El fútbol cada vez adquiere mayor velocidad y precisión, por lo que los árbitros tienen mayores requerimientos y exigencias. Por eso para las jugadas claves para el score se tendría que usar la tecnología, pero la FIFA no quiere. Solo se tendría que exigir a las empresas que compran los derechos de TV en todos los campeonatos importantes del mundo que pongan cámaras en circuito cerrado de la cancha para que un quinto árbitro monitoree las jugadas e informe al árbitro cuando se trata de jugadas determinantes”.

Sin embargo, hay quienes prefieren que se mantenga el sistema actual, porque consideran que el error está dentro de la esencia del fútbol: “Lo que hace al fútbol emocionante es justamente lo humano. La discusión y la equivocación sin que haya dolo o mala intención están permitidas en el fútbol, porque así es el fútbol. No le puedes quitar ese espíritu”, replica Malasquez.

En este debate, como no podía ser de otra manera en todo lo que involucre a la FIFA, hay lugar para la teoría de la conspiración. Butters lo explica sin pelos y con señales:

“¿Cómo llega Argentina al Mundial? Gol de Palermo contra Perú en posición adelantada. ¿Cómo llega Francia al Mundial? Gol de mano de Henry. ¿Cómo llega Argentina a México 86? ¿Y la mano de Dios? ¿Qué habría pasado si en esas circunstancias hubiera existido la tecnología? Cuando pasa una, dos, tres veces, ya no es error. A la FIFA no le preocupa la justicia, porque con esa arbitrariedad se beneficia el negocio”.

***

Veinte años después tuvimos otro Mundial atípico. Empezó ralo y terminó raro. Si el último campeón, Italia, hacía presagiar un Mundial amarrete, amarrado y encajonado (como efectivamente fue en su primera fase), la final nos regaló un equipo cuajado. Venció una esquizofrénica España, jugando como Brasil y anotando como Italia (el más mezquino campeón de los mundiales). Lo único que se le puede reprochar es su poca generosidad para anotar. Pero fue más cuestión de pericia y suerte que de planteamiento.

Los otros equipos que llegaron a la cuadriga tampoco fueron menos. Uruguay, con un bosquejo completamente distinto del equipo de Del Bosque, demostró que la garra, entrega y disciplina también saben dar espectáculo. Lo demostraron Forlán, el mejor del campeonato, y el Patriota Luis Suárez.

La idea que martillaban en todos los mundiales desde Italia 90 es que el fútbol ha cambiado y que nuestra mirada debe adecuarse a la realidad. El fútbol es una competencia en la que el objetivo es ganar y no jugar bonito. Para el arte, los museos, decían: “Esa huevadita improductiva ya fue”, se burlaba Renato, un fanático merengue, hablando de Alianza, pero pensando seguro en el Brasil de España 82.Sí pues, el fútbol no es una obra de arte, aunque se le parezca tanto. Pero al menos (al menos) Sudáfrica nos ha obsequiado una vuvzela un cachito de esperanza.

Phillip Butters: “Ha sido el peor  Mundial de todos”

El  comentarista deportivo Phillip Butters ha visto el mismo Mundial que nosotros,  pero tiene otra apreciación: para él ha sido el peor Mundial de la historia.  Sus opiniones merecen ser tomadas en cuenta:

“Fue el  peor Mundial. En primer lugar, por la cantidad de ausencias importantes, sea  por lesiones o porque simplemente no los han llevado. Por ejemplo en Brasil no  estuvieron Ronaldiño ni Adriano; tampoco estuvo Beckham en Inglaterra, ni  Cabañas en Paraguay. En Francia e Italia sus individualidades fueron un  fracaso. No pasó nada con Rooney. En la primera ronda los equipos han jugado al  error ajeno con un mal fútbol. 

Sumémosle la especulación, sumémosle la pelota y  los errores arbitrales. Entonces ya tenemos demasiada carga negativa.

“No hay  ningún equipo que haya tenido un Mundial redondo. Además, han sucedido muchas  cosas extrañas con errores que perjudican a algunos y favorecen a otros. Sin  embargo, sería un error sacar conclusiones generales sobre el fútbol a partir  de un Mundial tan bizarro como este”.

Agregar comentario

Réplica