Los insumos peruanos para el Big Bang

Los insumos peruanos para el Big Bang

Nobar Baella Astrónomo
Ideele Revista Nº 251

(Colección fotográfica de la universidad de Harvard)

En marzo de 1889 una comisión científica de la universidad de Harvard llegó al puerto del Callao para continuar una búsqueda muy importante. Ellos buscaban un lugar de nuestro territorio que sea favorable para realizar observaciones astronómicas.

En aquella época la mayoría de observatorios astronómicos estaban localizados en el hemisferio norte. Muy pocos estaban localizados en el hemisferio sur. Gran parte de astrónomos de la época sabían que el cielo sur guardaba secretos aún por descubrir.

El primer lugar que visitaron fue Chosica, en las afueras de Lima. Aquel lugar fue bautizado como el Monte Harvard. Pero, después de algún tiempo notaron que esos cielos no eran tan favorables, ante todo en la época de lluvias. Es así que ellos fueron más hacia el sur y decidieron establecerse en la ciudad de Arequipa, en el distrito de Carmen Alto. Inmediatamente percibieron que el clima era muy favorable para las observaciones. Y es allí en donde empezaron a realizarse importantes descubrimientos.

Por ejemplo, el astrónomo William Pickering analizando una de las placas fotográficas obtenidas en el Observatorio de Arequipa, descubrió una de las lunas de Saturno. Esa luna fue bautizada con el nombre de Phoebe (Febe). Así es, una de las lunas de Saturno fue descubierta desde cielos arequipeños. Además, también fue descubierto un nuevo asteroide el cual fue bautizado con el nombre de Ocllo.

Pero, aún estaba por llegar un descubrimiento mucho más importante.

Se realizó entonces un estudio de estrellas de brillo variable que ya eran conocidas en la época. Estos objetos son conocidos como las estrellas Cefeidas. Lo que no se conocía y fue descubierto con ayuda de las placas fotográficas obtenidas en Arequipa es que existe una relación entre la potencia luminosa de la estrella (luminosidad) y el periodo de variabilidad (tiempo que demora en retornar a su brillo inicial) de esa misma estrella. Es decir, observando cuánto demora la estrella en retornar a su brillo inicial podemos calcular su luminosidad intrínseca. Esta relación es conocida como la relación Periodo-Luminosidad de las Cefeidas. Este descubrimiento fue realizado por Henrietta Leavitt a partir del análisis de las placas fotográficas que religiosamente salían de puertos peruanos con dirección a Harvard.

Esta nueva y recién descubierta relación astrofísica, propia de estos objetos, fue usada por Edwin Hubble (quien ya había medido las velocidades de varias galaxias) para poder establecer las distancias correspondientes a cada una de sus galaxias. Lo que descubrió y probó Hubble fue que cuanto más lejana era la galaxia, más rápidamente se alejaba. Esta característica es propia de un espacio en expansión. Es decir, Hubble probó que nuestro universo estaba expandiéndose: En estos momentos las galaxias del universo están que se alejan unas de otras, apartándose cada vez más. Si retrocedemos mentalmente en el pasado, podemos decir que las galaxias estuvieron un poquito más juntas el día de ayer que hoy. Así es.

Y si retrocedemos aún más en el pasado, las galaxias debieron estar aún más juntas. Podemos seguir retrocediendo y llegar a algún momento en el que todo nuestro universo estaba contenido en una pequeña región. Y de hecho esa región debía tener condiciones físicas extremas. Es así como llegamos a una propuesta interesante. Esa propuesta no es ni más ni menos que la teoría de la gran explosión inicial. La Teoría del Big Bang había nacido.

Es decir, los cielos peruanos proporcionaron los insumos para la formulación de la teoría del Big Bang.

En mi opinión personal, todo lo anterior es una historia que debe contarse, sobre todo en los colegios y universidades. Y claro, es punto de partida para reflexiones: ¿Qué hubiera pasado si astrónomos peruanos hubieran estado presentes en ese observatorio? ¿Será que hubieran osado nombrar a la luna de Saturno con algún nombre quechua?
El observatorio de Arequipa estuvo allí hasta el año 1927. Fue desinstalado y sus principales instrumentos llevados a Sudáfrica. A propósito de ello, Francisco Gómez de la Torre, maestro arequipeño, escribió en la revista “Mundial” de la época (1928, Lima): “El paso por el suelo peruano de los astrónomos de Harvard no ha dejado huellas permanentes porque las ha borrado el viento de la indiferencia nacional”.

Ahora son tiempos nuevos, y la astronomía como una de las ciencias más antiguas emerge con toda su belleza.

Este tipo de historias son las que debemos hacer conocer, no sólo como fuente de reflexión, sino para que dejen huella en los jóvenes de hoy. Y por supuesto también para que sirvan como fuente de inspiración para las nuevas generaciones que buscan nuevos y desafiantes retos científicos.

Y así es, ahora es tiempo de crear nuevas historias de descubrimientos.

NOTA: Es importante mencionar que gran parte de los datos expuestos en este artículo han sido extraídos del excelente libro de Alberto Parodi Isolabella: “Reseña histórica de los Observatorios Astronómicos de Monte Harvard (Chosica) y Carmen Alto (Arequipa)” editado por el CONCYTEC en el año 1989.

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