Menos trabas, iguales tapujos

Menos trabas, iguales tapujos

Ideele Revista Nº 200

El autor sostiene que el sistema interamericano de derechos humanos ha cumplido con eficacia su papel en la defensa de la libertad de expresión durante estos últimos veinte años. 

La última década ha sido particularmente fructífera a juzgar por el volumen y calidad de casos individuales e informes en materia de libertad de expresión producidos en el Sistema Interamericano de Derechos Humanos en defensa de la libertad de expresión. En 1990 la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH) solo había producido la Opinión Consultiva OC-5/85 sobre la colegiación obligatoria de periodistas y la Opinión Consultiva OC-7/86 sobre el derecho de rectificación o respuesta. Pero en aquellos años no existía sentencia alguna respecto de casos individuales. En la CIDH la situación tampoco era distinta a principios de la década de 1990, porque solo se destacaban escuetos reportes publicados sobre casos individuales y el paradigmático Informe sobre la compatibilidad entre las leyes de desacato y la Convención Americana sobre Derechos Humanos de 1995.

A fines de esa década, la creación de la Relatoría Especial para la Libertad de Expresión contribuyó a modificar sustancialmente esta situación: hoy el número de casos individuales tratados desde la CIDH y el de sentencias en materia de libertad de expresión emitidas por la Corte IDH han crecido notablemente. La obligatoriedad de la derogación de las figuras de desacato, la limitación del derecho penal como herramienta para acallar la crítica, el mandato a incorporar leyes que garanticen adecuadamente el acceso a la información pública, son solo algunos de los rasgos más importantes de las sentencias de la Corte IDH.

Sin embargo, uno de los aportes más sustantivos de la Relatoría en la última década ha sido el tratamiento en sus informes anuales de una diversidad de aspectos vinculados a los nuevos desafíos que enfrenta el ejercicio del derecho a la libertad de expresión, tales como los derechos de las mujeres, el acceso a la información, la radiodifusión comunitaria, el derecho de reunión en los espacios públicos, la asignación discriminatoria de la publicidad oficial, la concentración de propiedad de los medios de comunicación, entre otros.

Muchos países han adaptado su legislación y sus prácticas a las recomendaciones y decisiones de la CIDH y de la Corte IDH. Ello, en sí mismo, puede demostrar un avance en materia de respeto de la libertad de expresión en las últimas dos décadas. Sin embargo, los avances en la legislación de algunos países contrastan con los retrocesos en otros. Queda, sin duda, bastante por hacer. Muchas personas en nuestro hemisferio no pueden ejercer su libertad de expresión sin temor a represalias. La violencia contra quienes manifiestan ciertas opiniones está aumentando peligrosamente en varios lugares del hemisferio. La impunidad contra quienes atacan a periodistas o defensores de derechos humanos por lo que piensan o dicen es alarmante en varios países de la región.

Estos temas eran hace 20 años motivos de preocupación y, lamentablemente, lo siguen siendo. A ellos se suma que han surgido otros, como la vinculación de la falta de libertad de expresión y la pobreza de amplios sectores de la población, la problemática que genera la concentración en la propiedad de los medios, la presión financiera que se ejerce sobre los medios de comunicación y periodistas, la creciente intolerancia a la crítica por parte de altas instancias de los gobiernos, y un lárgo etcétera.

Para la consolidación de la libertad de expresión en nuestra región resultará de suma importancia continuar atendiendo todos estos temas, los nuevos y los viejos. Pero creo que el mayor desafío de los próximos años consiste en promover que amplios sectores de la sociedad hagan suyo el ejercicio de la libertad de expresión como un derecho de cada individuo, no como un derecho de unos pocos y privilegiados. Si eso ocurre, difícilmente se podrá atacar este derecho fundamental, y así quizá en futuras celebraciones podamos hacer análisis más positivos.

Estos temas eran hace 20 años motivos de preocupación y, lamentablemente, lo siguen siendo. A ellos se suma que han surgido otros, como la vinculación de la falta de libertad de expresión y la pobreza de amplios sectores de la población.

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