Naranja pálido

Naranja pálido

Ideele Revista Nº 199

El fujimorismo, otrora hermético y monolítico, empieza a mostrar fracturas.

Si algo ha caracterizado al fujimorismo como movimiento político en todos estos años, es su consistencia. No programática ni política. Menos, de principios. Una solidez, más bien, de grupo humano infranqueable que ha resistido los peores embates sin que su unidad interna se haya visto mellada.

Si no tuviera un apetitoso capital electoral, el fujimorismo podría estar como una barca abandonada y a la deriva. Con su líder máximo en prisión, quizá para el resto de su vida, condenado por crímenes atroces y acusado de robo al Estado. Pero, lejos de declararse en emergencia y disidencia, los dirigentes fujmoristas decidieron seguir blindando a su jefe y defendiendo lo que ya la justicia ha sancionado.

Esta situación parece estar cambiando desde hace algunos días. Dos históricos del fujimorismo, Absalón Vásquez y Andrés Reggiardo, y uno de sus congresistas más activos, Renzo Reggiardo, han decidido reinventarse lejos de la órbita anaranjada. ¿Será el inicio del fin? ¿O se tratará solo de fisuras internas sin mayor contenido que el de un apetito voraz?

La última disidencia importante del fujimorismo fue también la única. Se trató del ex congresista Carlos Ferrero, hoy dirigente de Perú Posible. Pero Ferrero fue desde el inicio una voz discordante, al punto de convertirse en la piedra en el zapato. De eso hace ya como una década. Después ha habido, como máximo, mutismo y desapariciones ¿forzadas? Disidencia, no.

Por eso extrañó que de pronto los dirigentes de Cambio 90 Andrés y Renzo Reggiardo se presentaran ante la opinión pública yendo por la libre a las elecciones municipales capitalinas y que Absalón Vásquez renuncie a Sí Cumple y anuncie su candidatura a la Presidencia Regional de Cajamarca.

Su característica monolítica no estaba exenta de puyas internas. Ser el fujimorista más recalcitrante podría ser la peor pesadilla de cualquier transeúnte, pero en algunos ámbitos alucinantemente existentes terminaba siendo el premio mayor. Cierto, por más surrealista que parezca.

De ahí que lo nuevo de este escenario no sea solo que los inmersos en la confrontación hayan decidido ir con candidato propio, sino que busquen desmarcarse de una sombra que hasta el momento, lejos de afectarles, era motivo de jactancia.

Independiente soy, y no me compadezcan
Según Reggiardo, Cambio 90 no buscará en esta nueva etapa los votos del fujimorismo. Su pelea consistirá en ganar espacio dentro de esa especie de nebulosa llamada “independientes”.

“Yo creo en el fortalecimiento de los partidos. Cambio 90 merece abrir sus puertas para que se incorpore gente capaz. Aquí no se está buscando una corriente vinculada o a algún apellido, sino que el partido crezca y se convierta en un partido como todos lo demás. Las cosas deben hacerse democráticamente.”

Otra novedad en esta ruptura es, justamente, que los Reggiardo se van del fujimorismo con partido y todo. Según afirman, la mayoría de integrantes de Cambio 90 respalda su decisión.

El analista Luis Jochamowitz opina que los Reggiardo no tienen mucha opción fuera de la “naranja”.

Yo no dudo que un fujimorismo sin Fujimori se pondría en marcha en un cuarto de hora en cuanto se den cuenta de que pueden lograrlo. Pero eso no es real siendo Keiko la heredera.

El camino de los Reggiardo se torna harto difícil, empezando por el nombre: por donde se le vea, Cambio 90 está vinculado a los designios del fundador, y en la segunda década del año 2000, un nombre añorante y de tan infaustos recuerdos resulta cuando menos desfasado.

En su favor, Renzo Reggiardo esgrime una temprana desmarcación del fujimorismo. Es cierto: desde su lugar en la Comisión de Fiscalización del Congreso tuvo una actuación destacada en algunos temas. Lejos de blindar a Alex Kouri, socio y candidato solapa fujimorista a la Alcaldía de Lima, Reggiardo encabezó, junto al acciopopulista Víctor Andrés Belaunde, la investigación a Kouri en el Congreso. Acción que, como era de esperarse, no fue avalada por su bancada.

En la discusión sobre la Interoceánica, Reggiardo defendió en solitario, dentro de su comisión, la posición de no darle mayor presupuesto a una obra demostradamente inflada y con todos los visos de corrupción. Nuevamente, no fue apoyado. Si algo ha demostrado la bancada fujimorista en todos estos años, eso ha sido un férreo encubrimiento de la corrupción.

Reggiardo habla de una especie de conjura contra él y su padre. Lo curioso es que insinúa al mismo Alberto Fujimori como el promotor:

“El espacio que hoy ocupo en realidad le correspondía a mi padre, pero se le envió a una lista del Parlamento Andino, creo yo que para sacárselo de encima. Cuando a mí me invitan, y quiero precisar que fue el propio Fujimori quien lo hizo, pienso que la razón principal fue para que no entre Andrés Reggiardo.

efinitivamente, yo no he tenido una militancia fujimorista de toda la vida, pero sí creía y creo que en esa primera etapa del Gobierno de los 90 se hicieron cambios estructurales en el país. Yo no tengo un pasado que me vincule con la corrupción, dice Reggiardo, y uno no puede dejar de pensar que Keiko no es la única fujimorista que sufre de papitis aguda.

Divide y reinarás
Puede sonar a delirio cuando Reggiardo habla de partidos al interior del fujimorismo: desde que entró en la política, Fujimori siempre se caracterizó por fundar una agrupación nueva para cada elección; así nacieron, detrás de Cambio 90, Nueva Mayoría, Sí Cumple, Vamos Vecino y Fuerza 2011. Pero no se trata precisamente de partidos políticos con programa, base social y vida orgánica propia. Si no son partidos, ¿qué son? Carcasas, las llama Jochamowitz.

Este estilo de fundar un partido nuevo para cada elección no es privativo de Fujimori. El venezolano Hugo Chávez también tenía esa manía hasta que decidió unificar todas sus agrupaciones en el Partido Socialista. Muy difícil que ocurra eso dentro del fujimorismo, ya que la táctica de su líder parece haber sido justamente “divide y reinarás”. Fundar partidos consecutivos implicaba ir repartiendo cuotas de poder que en ningún caso hicieran sombra al líder.

El politólogo Jorge Aragón percibe que la carencia de un partido político no es una deficiencia del fujimorismo, sino en realidad lo que explica su esencia.

El fujimorismo es en buena cuenta una fuerza política muy mediática. Raffo arma la campaña sin partido político. Solo requieren un candidato que represente lo que el pueblo necesita, y para eso no necesitas partido político sino propaganda, imagen, discurso y toda esa cosa mediática de música, el Baile del Chino.

¿La rebelión de Reggiardo y Cía. alcanzará para pensar en una opción que, nacida en el seno del fujimorismo, tenga aspiraciones de convertirse en una alternativa política seria dentro de los cauces y las causas democráticas?

Aragón lo duda: “Si algo caracteriza al fujimorismo es que ni siquiera opera como partido; todo el tiempo ellos apuestan a ser el único centro de poder, su discurso político no acepta ningún tipo de oposición. Están dentro de la lógica de volver a capturar el Estado y solo contemplan el corto plazo.

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“Yo soy una persona que ha nacido en este país, y no soy ciego. Yo he visto lo que ha pasado después del 95; no podemos negar actos de corrupción y actos muy complicados para la clase política”, señala el “nuevo” Reggiardo.

Siendo la antipolítica la partera del movimiento fujimorista, resulta difícil el afianzamiento de una propuesta democrática desde sus canteras. Tendrían que negarse y reinventarse. Difícil, si insisten en que su paradigma sea una persona para quien la democracia fue un perpetuo estorbo. De momento, Reggiardo dice que no piensa suscribir el indulto a Fujimori como plataforma política.

Aunque a estas alturas de la vida resulte curioso decirlo, lo cierto es que no todos los fujimoristas robaron y violaron los derechos humanos. Avalaron, sí, un régimen que representa lo peor de nuestra historia, pero la rectificación es un derecho, y las cuentas con la justicia, un deber.

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