Todo se queda como está

Todo se queda como está

Ideele Revista Nº 237

(Foto: peru.com)

“Nadine está trabajando como el primer día”, dijo el presidente Ollanta Humala hace poco, enmendándole la plana a su maltrecho presidente del Consejo de Ministros, René Cornejo. Éste se pasó buena parte de un fin de semana asegurando que la esposa del presidente no interviene en las decisiones del Poder Ejecutivo y prometiendo —en seguida— que la primera dama mantendría un perfil más bien bajo de aquí en más. Estas declaraciones bastaron para que el PPC le diera un voto de confianza a su Gabinete y lo salvara de la renuncia.

Pero, además de enmendarle la plana a su primer ministro y de patear al PPC de costadito, aquellas palabras, le pese a quien le pese y más allá de las aclaraciones, interpretaciones y reinterpretaciones que cualquier observador, con intereses comprometidos o no, quiera proponer, solo significan una cosa: nada ha cambiado. Ni habrá de cambiar.

Nadine Heredia encarna, para todo efecto práctico, cualquier proyecto de supervivencia del partido que llevó a la presidencia a su esposo; es, en esencia, el futuro del partido. Que la nombraran (sí, nombraran, porque eso de “elegida por aclamación” no es democracia, es quién grita más fuerte) presidenta del nacionalismo no fue solo un artilugio torpe para darle sustancia, respaldo y explicación coherente a sus intervenciones en temas de políticas públicas; es también parte de un proceso. El único que hay.

Cornejo no está al frente de la PCM porque sea un extraordinario político capaz de articular las acciones y decisiones del Ejecutivo con sus contrapartes políticas o estamentales, y no está ahí para negociar y lograr acuerdos, porque carece de la autoridad suficiente (basta darle una mirada al manejo que se le está dando al tema de la minería informal en estos días desde la PCM). René Cornejo está ahí porque es dúctil, porque no va a renunciar cuando lo desmientan o le enmienden el discurso, como se lo han hecho ya tres veces en los 30 días que tiene en el cargo.

La esposa del presidente seguirá teniendo un rol preponderante en las decisiones que se tomen en Palacio, tratando, seguramente, de mantener ciertas formas que no levanten sospechas o que no den tanto que hablar como hasta ahora, pero seguirá siendo “la jefa” y seguirá teniendo una suerte de ministerio dentro de Palacio, con sus propios asesores y funcionarios que solamente responden a ella.

Nadine Heredia encarna, para todo efecto práctico, cualquier proyecto de supervivencia del partido que llevó a la presidencia a su esposo; es, en esencia, el futuro del partido. Que la nombraran presidenta del nacionalismo no fue solo un artilugio torpe para darle sustancia, respaldo y explicación coherente a sus intervenciones en temas de políticas públicas; es también parte de un proceso

Es probable, también, que siga siendo la guía y consejera de su esposo y el vehículo de los deseos de la Confiep, por interpósito ministro de Economía. La Confiep ha encontrado en ella una aliada inesperada con llegada a la casa de gobierno, donde era tan bien recibida durante el régimen pasado y a donde hoy no los invitan. Por eso su defensa de la primera dama; por eso la amenaza velada de que las inversiones se caen y se paralizan si no se vota a favor del Gabinete Cornejo. Porque la institucionalidad quebrantada por las funciones que de facto ejerce la primera dama —con la aquiescencia de su esposo— les es funcional y beneficiosa a las instituciones agremiadas en la Confiep.

El presidente no es un monigote, pero tampoco es impermeable. Su esposa es percibida por él, quizá, como su única aliada franca y la única que no está allí por un sueldo, un puesto o un contrato con el Estado. Y él lo entiende, naturalmente, así.

La incidencia de los medios de comunicación sobre estos temas en los últimos días llama la atención por su baja intensidad. Sobre todo porque acostumbraban magnificar de manera extravagante incluso nimiedades y, en el extremo, alguna vez hasta falsos testimonios, siempre que dijeran mal del Gobierno o la pareja presidencial.

El miércoles, el presidente del directorio de Graña y Montero, José Graña, dejó de presidir el directorio de la Empresa Editora El Comercio. Ese mismo día, el Consorcio Metro de Lima Línea 2 estaba integrado por Odebrecht, LatInvest Perú S.A.C., Graña y Montero S.A.A., Constructora Andrade Gutiérrez S.A. Sucursal del Perú y Constructora Queiroz Galvao S.A. Sucursal Perú. Graña envió una comunicación a ProInversión retirándose de la competencia para la construcción de la Línea 2 del Metro de Lima, un proyecto valorizado en US$6000 millones, explicando que sus observaciones no habían sido atendidas.

Si el que José Graña fuera presidente del directorio del Grupo El Comercio le costó al consorcio perder ese concurso antes de haber presentado su propuesta, no lo sabemos. Es improbable, sin embargo, que ambos sucesos tengan que ver, pero es muy difícil verlos bajo luces distintas.

Pero parece que el presidente no se va a estar con jueguitos.

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