Veinte años…

Veinte años…

Ideele Revista Nº 200

…no es nada, como dice el tango, pero en un país como el nuestro también es mucho. No es nada porque subsisten muchos de los problemas no resueltos desde tiempo atrás: pobreza, desigualdad y exclusión; mala calidad de la educación, de la salud y de otros servicios públicos; e inseguridad, inoperancia y ausencia del Estado en muchas partes del territorio. 
Sin embargo, también es mucho. El rápido paso del tiempo no desdibuja los grandes cambios que experimentó el Perú en los últimos dos decenios: la elección de Alberto Fujimori, su posterior autogolpe, la captura de Abimael Guzmán, las reformas económicas, el desmantelamiento del Estado, la corrupción y el autoritarismo, los ‘vladivideos’, la fuga de Fujimori a Japón, su renuncia a la Presidencia por fax y el colapso del fujimorato. Luego vino la transición democrática de Valentín Paniagua y el milagro cívico de organizar en pocos meses elecciones libres, que nadie cuestionó, y poner en la cárcel a decenas de militares y políticos corruptos. A esto siguieron los gobiernos de Alejandro Toledo y Alan García, que mantuvieron el rumbo de la política económica, profundizaron la apertura comercial y aprovecharon las circunstancias favorables de la economía mundial para lograr altas tasas de crecimiento y reducir la pobreza. Paralelamente, una política social errática y la proliferación de protestas durante el Gobierno de Toledo, que difundieron la noción de que “el que no llora no mama”, y un excesivo sesgo proempresarial durante el Gobierno de García, asociado a la filosofía del “perro del hortelano”, generaron descontento social, inseguridad y corrupción, que desembocaron en violencia de modo muy frecuente.
Una apreciación sobria de los avances durante los últimos años señala, una vez más, que el Perú es un país de paradojas. Estamos ahora en condiciones de dar un gran salto hacia delante en competitividad, calidad de vida y sostenibilidad ambiental. Tenemos una “diversidad de diversidades” —biológica, ecológica, energética, étnica y cultural—, poseemos una amplia variedad de recursos naturales que demanda la economía global, tenemos abundantes recursos de agua (aunque mal distribuidos), una economía sólida y saludable, y una estructura demográfica favorable con más trabajadores activos que personas fuera de la fuerza laboral. A lo que se une un espíritu emprendedor y un fermento renovador, que están produciendo cambios significativos en la situación y las expectativas de la población. Todo esto nos permitirá enfrentar con éxito los difíciles desafíos del futuro, cuando el mundo tendrá que adecuarse al cambio climático, la escasez de recursos naturales, los desequilibrios demográficos, las crisis económicas y financieras, y a los avances científicos y tecnológicos con consecuencias imprevisibles.
Estamos nuevamente en el partidor de la carrera global hacia la prosperidad y el bienestar, pero esta vez en una posición ventajosa. Depende de nosotros aprovechar esta situación, y no desperdiciarla como lo hemos hecho a través de la historia. El obstáculo más grande que tenemos que superar son las actitudes y comportamientos que subyacen a la manera en que nos gobernamos. Intolerancia, polarización, autoritarismo y discriminación hacen difícil construir y consolidar instituciones democráticas, respetar los puntos de vista ajenos, colaborar para avanzar en conjunto, y afirmar una identidad nacional pluralista e integrada. Codicia, angurria y un deseo de gratificación inmediata desplazan con demasiada frecuencia consideraciones sobre el bien común y la equidad, con consecuencias ambientales y sociales desastrosas que socavan nuestras posibilidades de futuro.

El obstáculo más grande que tenemos que superar son las actitudes y comportamientos que subyacen a la manera en que nos gobernamos. Intolerancia, polarización, autoritarismo y discriminación hacen difícil construir y consolidar instituciones democráticas.

Agregar comentario

Réplica