Economía venezolana: ¿factores estructurales y coyunturales?

Germán Alarco Profesor investigador de Pacifico Business School de la Universidad del Pacífico
Ideele Revista Nº 278

Foto: Huffpost México.

Es inobjetable la pésima situación económica en que se encuentra Venezuela. Su manifestación más evidente son las masivas migraciones de ciudadanos de ese país hacia Colombia, Brasil y el Perú, entre muchos otros. Se estima poco más de medio millón de ciudadanos de ese país en Colombia (Dirección General de Migración de Colombia, 2018). En el Perú se habla de 115,000 personas (Diario Gestión, 2018). Todavía no hay crisis humanitaria en esos países receptores pero esta se puede iniciar en cualquier momento. Las proyecciones económicas son malas, a la par de la extremadamente compleja y volátil situación política.

La información del FMI (2017) sobre Venezuela refleja la magnitud de sus problemas. Entre 2014 y 2016 el decrecimiento del PBI fue 3.9%, 6.2% y 16.5% respectivamente. La caída de 2017 se estimó en 12% y la proyección para 2018 es una contracción del 6%. La inflación para el mismo periodo fue 64.7%, 159.7%, 302.6%. Al cierre para 2017 se estimó en 1,133% y la proyección para 2018 es 2,530%. La obvia contrapartida de estos resultados son el resultado primario negativo del sector público que como porcentaje del PBI fue entre 2014 y 2016 de 12.6%, 16% y 16.9% respectivamente. El resultado estimado de cierre para 2017 es -18%, mientras que para 2018 se proyecta un resultado de -18.5% del PBI. Por la caída de los ingresos petroleros el gasto promedio del sector público ha caído de 42.7% en 2014 a 31.2% del PBI en 2017. No presenta problemas serios en su resultado en la cuenta corriente de la balanza de pagos, ni en sus niveles de endeudamiento.

Más recientemente el FMI en febrero de 2018 ajustó estas proyecciones hacia la baja. El PBI real disminuiría alrededor de 15 por ciento en 2018; en consecuencia, se prevé que la contracción acumulada desde finales de 2013 sea casi de 50 por ciento. Según el FMI (2018) esta tendencia sería resultado de significativas distorsiones microeconómicas y desequilibrios macroeconómicos exacerbados por el colapso de la exportación petrolera; este último tuvo origen en la fuerte caída de los precios del petróleo ocurrida a mediados de 2014 y continuó más recientemente con la caída de la producción nacional. Se ha vuelto a estimar que la inflación supere 2,400 por ciento en 2017 y que ronde 13,000 por ciento en 2018, alimentada por el financiamiento monetario de sus déficits fiscales y la pérdida de confianza en la moneda nacional.

Visión equivocada de la realidad

La actual situación económica venezolana nos hace pensar equivocadamente que esa economía ha estado históricamente peor que el Perú. Una primera sorpresa es la ubicación de Venezuela en los índices de desarrollo humano del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (2016). Este indicador integra el ingreso per cápita real promedio, los niveles básicos de educación y salud. La última información para 2015 ubicó a Venezuela en la posición 71 del mundo en él índice general y la 82 con el indicador corregido por desigualdad. El Perú en ese mismo año se encontraba en una peor situación: 87 y 95 de estos respectivamente.

Históricamente, en los años cincuenta del Siglo XX el ingreso per cápita real venezolano fue equivalente al 90% del ingreso norteamericano y ahora es el 25% (Alarco, 2018). Venezuela con una población cercana a los 30 millones de habitantes, ligeramente inferior al Perú de 31.5 millones tuvo un PBI real absoluto superior al peruano en 44% en 2014. Las exportaciones e importaciones de Venezuela eran el doble de las peruanas. Existen cálculos de que en los mejores momentos de Venezuela radicaron 200,000 peruanos.

Maldición de recursos naturales y enfermedad holandesa

El origen principal de los problemas de la economía venezolana se encuentra en la maldición de los recursos naturales. Gylfason (2001) plantea cuatro circuitos mediante los cuales esta afecta negativamente el crecimiento económico. El primero se produce por la combinación de abundantes recursos naturales, ausencia de mercados y una estructura legal laxa con débiles derechos de propiedad que pueden derivar en una estructura de poder económico, político y militar orientada a garantizar los intereses del grupo dominante vinculado a estos recursos. Esto es lo que probablemente le ocurrió a la economía venezolana por muchas décadas. El segundo canal se produce cuando la abundancia de recursos naturales reduce los incentivos para la acumulación privada y pública de capital humano. En la misma dirección en el tercer circuito la abundancia de recursos naturales reduce los incentivos privados y públicos para ahorrar e invertir, y por eso disminuye el crecimiento económico.

Por último, el cuarto circuito, reseñado también por Sachs y Warner (1995 y 1999), establece que los abundantes recursos naturales imbuyen a la gente un falso sentido de seguridad y conducen al gobierno a perder la necesidad de diseñar, implementar y gerenciar políticas apropiadas para el crecimiento económico. Quizás esta visión, en los sucesivos gobiernos venezolanos, es lo que explica la persistencia en aplicar políticas de corto horizonte que no generan incentivos para cambiar el comportamiento de los agentes económicos: empresarios, sectores medios y populares, que son subsidiados. Lo que cambia en el tiempo es la magnitud y orientación de tales subsidios.

Por otra parte, la entrada de divisas como resultado de las exportaciones petroleras, más aun cuando subieron los precios internacionales de los hidrocarburos generó la denominada enfermedad holandesa. Al igual que la maldición de los recursos naturales este es un síndrome que se produce en una situación de éxito aparente. Esta se inicia con la entrada masiva de divisas, generalmente por encima de la capacidad de absorción normal de la economía. Luego este fenómeno conduce a la apreciación de la moneda nacional que genera diversos impactos.

En primer lugar, se desalienta a las exportaciones no sujetas al auge y alienta la importación en general. En segundo lugar, las mayores importaciones más baratas por el efecto cambiario afectan negativamente la producción local de bienes sustitutos conduciendo con las menores exportaciones y producción manufacturera (incluso a la menor producción local de alimentos) a la reprimarización económica. En tercer lugar, generalmente afecta negativamente el empleo ya que el sector sujeto al auge es más intensivo en capital que los otros sectores que reducen sus niveles de producción y empleo. En cuarto lugar, la apreciación cambiaria conduce a un incremento de los precios de los bienes no transables y de los precios en general que reducen el poder de compra de los trabajadores de los sectores no sujetos al auge. Por último, se favorece la entrada de capitales de corto plazo y flujos financieros que tienden a promover la formación de burbujas en los precios de los activos que primero se inflan y luego explotan (Alarco, 2011).

"La situación económica es insostenible, a la par de la situación política que ha derivado en un gobierno autoritario que aún mantiene algunas formas democráticas, pero que en la práctica controla, a excepción del Congreso, todos los otros poderes y contrapesos del Estado".

Problemas coyunturales

No existe mucha estadística pública reciente sobre la economía venezolana. Sin embargo, de acuerdo a la información fragmentaria que se dispone, destaca un déficit público de 18% que es la clave de sus problemas. Su nivel de gasto público es de 31.2% del PBI, mientras que sus ingresos públicos asociados casi exclusivamente a los hidrocarburos son apenas superiores al 13.1% del PBI, por debajo de todos los estándares de las economías de América Latina y del Caribe. A este resultado contribuyen las políticas de gasto y subsidios, los precios y tarifas del sector público; la baja recaudación fiscal por niveles tributarios reducidos, la erosión de estos ingresos por efecto de la inflación y la contracción del nivel de actividad económica. Solo como ejemplo, con el expresidente Chávez se gastaron US$ 400,000 millones en política social, pero al mismo tiempo no hubo avances en una diversificación productiva efectiva.

Los problemas se agravan por una política cambiaria que cancela la posibilidad de otras exportaciones y producción exportable diferente a la de los hidrocarburos; niveles de tasas de interés reales negativas que desincentivan el ahorro, a la par de los controles de precios y tarifas del sector privado que desalientan la inversión privada por sus desfases respecto de la inflación. A estas políticas se suman los racionamientos de divisas e insumos básicos. Con la caída de los precios del petróleo a partir de 2014 el ajuste era inevitable pero social y políticamente inaceptable para el gobierno. No se puede negar que la ideología y respuestas del gobierno ante la inflación y el desabastecimiento han sido negativas generando una mayor contracción de la inversión privada y la reducción de los niveles de producción y empleo. Ante este panorama tampoco hay que rechazar que haya algo de sabotaje económico como respuesta a las erróneas acciones del gobierno.

Una discusión colateral relevante sobre la economía venezolana es si sufre un proceso de alta inflación o de hiperinflación. Para nosotros se trataría del primer fenómeno, ya que se observa una modificación drástica de los precios relativos, especialmente del rezago de los salarios e ingresos respecto de los precios que genera una caída drástica en los niveles de demanda y de producto. En cambio, cuando estamos en un proceso hiperinflacionario tanto los precios como los salarios están indizados y no se produce una caída drástica del nivel de demanda y actividad económica.

¿Callejón con salida?

La situación económica es insostenible, a la par de la situación política que ha derivado en un gobierno autoritario que aún mantiene algunas formas democráticas, pero que en la práctica controla, a excepción del Congreso (sin poder efectivo y reemplazado en la práctica por la Asamblea Nacional Constituyente), todos los otros poderes y contrapesos del Estado. La falta de unidad de la oposición contribuye a este fenómeno. Desafortunadamente, aún si se produjera un cambio endógeno del régimen político la naturaleza estructural y la magnitud coyuntural de los desequilibrios macro y microeconómicos configuran un panorama extremadamente complejo donde la aplicación de políticas económicas estándar no es garantía alguna para lograr la mejora de las condiciones de vida de la población y de la economía venezolana.

El recetario estándar basado en una contracción de la demanda a partir de un radical ajuste fiscal y monetario; medidas directas e indirectas para aumentar la oferta agregada y elevar la competitividad internacional tradicionalmente propuestas por el FMI parecen políticamente inviables y con resultados no garantizados. Lo anterior, tanto por la presencia de un sector importante de la población que estaría en contra de estas políticas; la existencia de clases medias con estándares de vida previos al nivel de las economías desarrolladas y la ausencia de un sector empresarial proactivo dispuesto a operar bajo nuevas reglas de juego respecto de las que rigieron la economía por décadas. La lista de interrogantes es amplia: ¿Sería suficiente la liberalización cambiaria para promover nuevas exportaciones diferentes a las de hidrocarburos?, ¿cuánto habría que esperar para lograr una reacción positiva?, ¿estarían los empresarios dispuestos a aumentar y diversificar la oferta bajo nuevas condiciones de juego?, ¿las medidas por el lado de la oferta permitirían la recuperación del empleo?, ¿cómo evitar la caída drástica de la demanda ante los severos recortes del gasto público y ajuste en los precios y tarifas del sector público?, ¿aceptaría el sector empresarial y las clases medias nuevos sistemas impositivos?, ¿cómo evitar el deterioro de las condiciones de vida de segmentos importantes de la población?

Tanto la salida política como la económica requieren de mucha creatividad. Las recetas estándar no parecen servir. A los serios problemas coyunturales hay que añadir los estructurales. La superación de la maldición de los recursos naturales no es una cuestión sencilla. Un modelo de crecimiento tradicionalmente basado en las materias primas está condenado al fracaso en una economía y población de tamaño intermedio. Esta es una enseñanza que también debe servir al Perú. Los venezolanos tienen una gran tarea por delante y muchos años de sacrificio. Al resto de América Latina también le corresponde por reciprocidad y solidaridad contribuir a su pronta recuperación.

Referencias

Alarco, G (2018). América Latina en la trampa de los ingresos medios o del lento crecimiento. En: Análisis Económico,  vol. XXXIII, N° 82, pp. 5-29.

Alarco, G (2011). Exportaciones, tipo de cambio y enfermedad holandesa: el caso peruano. En: Investigación Económica, vol. LXX, N° 275, pp 115-143.

Diario Gestión (2018). En Perú hay más de 115,000 venezolanos, 31,000 de ellos con permiso temporal. Publicado el 9 de marzo de 2018. <https://gestion.pe/economia/peru-hay-115-000-venezolanos-31-000-permiso-...

FMI (2018). Perspectivas de la economía mundial. En línea: <http://www.imf.org/es/Publications/WEO/Issues/2018/01/11/world-economic-...

FMI (2017). Perspectivas económicas: Las Américas. En línea: <http://www.imf.org/es/Publications/REO/WH/Issues/2017/10/11/wreo1017>

Gylfanson, T (2001). Lessons forms the Dutch disease: causes, treatment, and cures. En: Institute of Economic Studies, Iceland Economic Papers Series W01:06.

PNUD (2016). Informe sobre Desarrollo Humano 2016.  En línea: <http://hdr.undp.org/sites/default/files/HDR2016_SP_Overview_Web.pdf>

Sachs, J y A, Warner (1999). The big push, natural resource boom and Growth. En: Journal of Development Economis, vol. 59, pp. 43-76.

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