Diego Trelles Paz

Artículos del autor

  • A propósito de la última entrevista del periodista Beto Ortiz al ex presidente aprista Alan García, y del posterior mea culpa en el que Ortiz lamenta no haber podido “retar a duelo a un rival con más mundo, más duende y/o más vuelo”, no estaría de más recordar aquella famosa ‘entrevista de los siameses’ de abril de 1999, en la que Alberto Fujimori y Vladimiro Montesinos aparecen declarando para el periodista Álamo Pérez Luna con el mismo peinado y la misma corbata.Aquel simulacro de conversación, cuya peculiar puesta en escena enfatizaba el espíritu burlesco de la dictadura para exhibir su poder, había sido acordado...
  • 1 Hace algunos meses, contratado por un periódico local, escribí un relato para una colección literaria dedicada al colegio. El objetivo de esta campaña era fomentar la lectura entre los estudiantes de secundaria del Perú, acercarlos a la narrativa de escritores peruanos con textos que hablaran de ellos: de su vida en las aulas, de sus ritos de paso, de sus amores, miedos y alegrías en el proceso de crecer aprendiendo.2El 3 de julio de 2012, una violenta protesta entre opositores al proyecto minero Conga y las fuerzas del Ejército y la Policía Nacional en Celendín, Cajamarca, dejó cuatro muertos y una treintena...
  • No hace mucho el periodista César Hildebrandt se hacía una pregunta similar (“¿Quién realmente maneja el país?”) y, en su contundente respuesta, el presidente Ollanta Humala y su esposa Nadine Heredia quedaban casi al nivel de dos fantoches. Yo mismo se lo he preguntado a uno que otro insider político y sus comentarios han tendido a la conjetura. A mí me gusta imaginar ese tiempo muerto posterior a las elecciones como el tiempo de un falso cortejo, el tiempo de un simulacro de acuerdo entre un empresariado que finge aceptar la derrota, y un nuevo presidente que finge creer que dialoga con nobles perdedores.2En una de...
  • 1No sé si fue él o yo el que lanzó la pregunta. Es probable que fuera yo porque recuerdo haber replicado de golpe y sin pensarlo, como si formularla hubiera sido solo el pretexto para que supiera mi respuesta. No era para menos: Pablo era mi profesor, había llegado a Austin como experto en Borges y Cortázar, compartíamos la pasión por el fútbol y la escritura (él la ejercía casi en secreto; manías siniestras de la academia gringa) y, por una súbita y torpe presunción, sentí la necesidad de reforzar nuestra complicidad tentando, de su parte, un posible desconcierto. No mentí ni exageré. La historia del escritor Aníbal...